El negocio de la polémica
Imaginen vivir en una sociedad en la que un grupo de personas se hace un poco más rico cada vez que ocurre una desgracia . Imaginen que ese grupo de personas tiene poder para generar estados de ánimo. Imaginen que puede influir en la opinión de millones , que tiene la capacidad de sembrar ideas, regarlas, esperar pacientemente a que germinen, florezcan y den frutos que solo tengan que recoger sin ningún esfuerzo del suelo una vez hayan caído ellos mismos de puro maduro.
A veces olvidamos que “poder” es un verbo. Tenerlo significa ser capaz de hacer aquello que los otros no pueden. En un mundo en el que es más rentable monetizar los instintos que la razón ¿Qué poderoso decidiría ganar menos por algo tan nimio como la paz social? A lo largo de la historia hemos visto como familias amasaban fortunas de leyenda gracias al esclavismo, a la guerra, al tráfico de drogas o a la explotación sexual de mujeres y niñas. Hemos visto a empresas convertirse en gigantes vendiéndonos tabaco, alcohol o alimentos que sabían que eran nocivos para nuestra salud. El estereotipo del millonario sin escrúpulos se basa en cientos de millonarios sin escrúpulos que han estafado, abusado y exprimido a trabajadores y clientes con el único objetivo de acumular riquezas muchas veces absurdas.
Si aceptamos que las farmacéuticas escondan medicamentos que podrían salvar vidas porque curar es su negocio, no su deber ético. Si sabemos que se debe legislar para que la industria no tire sus residuos a nuestros ríos porque de no ser así lo seguiría haciendo para maximizar beneficios ¿A quién puede sorprenderle que ciertos partidos políticos estén dispuestos a cargarse la convivencia de sus sociedades por tocar poder? ¿Quién puede llevarse las manos a la cabeza porque los tecnoligarcas nos sirvan odio en las pantallas de nuestros teléfonos móviles? Nos han enseñado que todo vale alcanzar el dinero y el poder, y que la ética es una suerte de excusa para perdedores. Por eso vemos en televisión a filonazis dando su opinión como si fueran expertos en algo y a terreplanistas poniendo en duda consensos básicos de la comunidad científica, porque da audiencia, la audiencia es dinero y el dinero lo justifica todo.
La polarización no es la consecuencia de una convivencia imposible entre vecinos. La polarización es el nuevo El Dorado y algunas de las personas más influyentes y poderosas del mundo están arramplando con todo el oro que hay en esa mina sin que les preocupe lo más mínimo las posibles consecuencias. Cuando lo agoten irán a por la siguiente porque no se trata de polémica, se trata de negocio. Al menos nos permiten soñar con que las aguas se calmarán tarde o temprano. Total… soñar es gratis.
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