Sam Altman, sobre la percepción social de ChatGPT y la IA: "No hemos hecho un buen trabajo"
Sam Altman ha vuelto a situar el debate sobre la inteligencia artificial lejos de los modelos, los algoritmos y la carrera tecnológica para poner el foco en un problema cada vez más visible: la percepción social de la IA .
El consejero delegado de OpenAI reconoce que el sector tecnológico se enfrenta a una creciente desconfianza mientras aumentan las dudas sobre el empleo , los centros de datos y el impacto que esta tecnología tendrá sobre la vida cotidiana .
A su juicio, parte de esa resistencia resulta incluso saludable cuando una transformación avanza con tanta rapidez.
Durante una conversación con el presentador de podcast David Senra , Altman defendió precisamente esa cautela social ante los cambios acelerados.
“Creo que probablemente sea una buena característica de la sociedad humana que tengamos cierta inercia incorporada; tenemos cierto escepticismo ante el cambio rápido ”, afirmó.
El máximo responsable de OpenAI considera que esa actitud puede funcionar como una protección colectiva durante periodos de incertidumbre, aunque también admite que las empresas que desarrollan IA generativa no siempre han sabido explicar qué pretenden conseguir ni cómo podrían reducir sus efectos negativos.
El problema, según Altman, es que buena parte del discurso público alrededor de la inteligencia artificial se ha construido mediante escenarios extremos.
“También creo que mucha de la gente que está construyendo IA, ya sabes, ha estado diciendo que hay un 25% de posibilidades de que destruyamos el mundo y que vamos a seguir adelante porque, de lo contrario, esos malos lo harán primero ”, señaló.
El empresario también puso como ejemplo las advertencias sobre una posible desaparición masiva de puestos de trabajo, mensajes que, a su entender, han terminado alimentando el temor hacia una tecnología cuyos beneficios no se han explicado con la misma intensidad.
El problema de explicar los beneficios Altman condensó su crítica al sector con una afirmación especialmente contundente: “ No hemos hecho un buen trabajo explicando a la gente cuáles son los beneficios y cómo pueden mitigarse las desventajas ”.
Sus palabras llegan mientras crece la oposición a la construcción de centros de datos en EEUU, instalaciones indispensables para entrenar y ejecutar los sistemas de IA, pero que también han abierto debates sobre consumo eléctrico, costes para los ciudadanos e impacto ambiental .
Esa resistencia ya ha llevado a distintos responsables políticos a plantear restricciones, auditorías o pausas sobre nuevos proyectos.
Las dudas tampoco se limitan a la infraestructura.
El temor a que la automatización mediante inteligencia artificial transforme rápidamente el mercado laboral se ha convertido en otra de las principales fuentes de inquietud.
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