Europa, atrapada en sus muros
“Españolísimas”, dijo Margarita Robles de Ceuta y Melilla , después de que 80.000 personas cruzasen el agua .
Ese superlativo es un muro dicho en voz alta para producir y reforzar una esencia que la hace más sagrada, intensa y emocional justo cuando el cuerpo nacional ha sido traspasado.
“Españolísima” no confirma lo que ya sabemos.
Nadie llama españolísima a Cuenca: el superlativo no se posa sobre lo que está seguro, sino sobre lo que se teme incierto.
Decirlo de Ceuta y Melilla, y decirlo con toda su fuerza justo después de las vallas desbordadas, es confesar una debilidad en el gesto mismo de negarla.
Pero esa debilidad, en lugar de reconocerse, se transfigura, y el superlativo acaba haciendo algo más que intensificar la pertenencia: reparte de nuevo los papeles.
Purifica al “nosotros” como víctima inocente de una agresión externa y viste al que llega de “invasor”.
Pero mientras fantaseamos con nuestro cuerpo nacional violado , son cuerpos reales los que quedan en el agua.
Y lo hacemos para no tener que mirar de frente aquello que volvería insostenible la inocencia: la relación de dependencia que España y Europa han tejido con Marruecos, el grifo cuyo cierre y apertura habíamos subcontratado.
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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en elpais.com — el contenido pertenece a El País.