El éxito en la gestión del patrimonio: «No se trata de hacer cosas nuevas, sino de enseñar más páginas del mismo libro»
La gestión de lo inmutable.
Sobre esta idea giró ayer la primera sesión de la nueva edición del ciclo ' El Templo de Córdoba', organizado por ABC con el patrocinio del Cabildo Catedral.
El Centro de Recepción de Visitantes de la Mezquita-Catedral reunió a dos referentes en la gestión del patrimonio: Marina Chinchilla, directora adjunta de Administración del Museo del Prado, y Ana Jáuregui, gerente del Real Alcázar de Sevilla.Ambas participaron en el acto moderado por el periodista de ABC Córdoba, Luis Miranda, que contó con la asistencia del deán presidente del Cabildo, Joaquín Alberto Nieva y el director general de ABC en Andalucía, Álvaro Rodríguez Guitart.
Tal y como ha mencionado Luis Miranda en su introducción, «aunque se trate de una contradicción, u n edificio a priori inmutable como lo es la Mezquita-Catedral de Córdoba», e stá sujeto constantemente a cambios que pretenden conservar su esencia».Eso es una parte del trabajo de Marina Chinchilla y Ana Jáuregui en la gran pinacoteca del país y en una de las joyas monumentales de Andalucía, respectivamente.Sobre si el visitante debe percibir esos pequeños cambios que experimenta el monumento, Chinchilla asegura que «un visitante tiene el derecho y nosotros la obligación de facilitar la lectura de los edificios.
No solamente son objetos de restauración, sino que el tiempo los lleva a nuevas necesidades y nuevos usos».A su juicio, «los monumentos son obras inacabadas.
Cuando acaba cualquier actuación física en el museo, ya está empezando la siguiente, en un proceso continuo.
Tenemos la obligación de preservarlo, y darle uso es la mejor forma de conservarlo».En ese sentido se expresa también Jáuregui, al afirmar que «es una obligación difundir y valorar lo que se hace con el patrimonio».
En su caso, define el Real Alcázar de Sevilla como « una superposición de etapas», y eso es lo que hace «que el monumento siga vivo.
Actualmente, así lo tratamos: el visitante, cuando va al Alcázar, debe ver que se preserva ese legado para las futuras generaciones».Para las ponentes, el siglo XXI, al igual que las distintas etapas de la historia, también debe dejar su huella en museos y monumentos. «El siglo XXI tiene que dejar su huella.
El Museo del Prado es ejemplo de arquitectura colectiva y el sello del siglo XXI fue puesto por el arquitecto Rafael Moneo», explica Marina.Jáuregui añade, en su caso, que «la arquitectura está en un proceso continuo de adaptación a los usos y necesidades.
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