Una imagen y un rosario
Por supuesto, que cada uno se case como desee, solo faltaba .
Nada que objetar tampoco a a la familia que Cristiano y Georgina (el Olimpo de la fama desciende sobre los mortales cuando dos nombres de pila bastan para identificar a un pareja entre los millones de parejas sobre la faz de la tierra) han formado cómo y cuando han querido.
Pero estarán conmigo en que Nuestra Señora de Fátima, Gucci y el despliegue de diamantes exhibido no parecían destinados a encontrarse en la misma boda ; al parecer, la posmodernidad sirve precisamente para estas cosas.
Las fotografías difundidas estos días son fascinantes.
Los cinco niños, el rosario, la Virgen, la bendición religiosa; Cristiano, tras zascandilear por ahí y tener un hijo de cada mujer, convertido finalmente en un hombre decente cuando una buena chica ha accedido a casarse con él y darle una vida ordenada… cierto que yo tuve mis dudas.
Después de diez años juntos ya creía que las vacilaciones de Georgina iban a dejarle con dos niños más, compuesto y sin novia.
Pero no, al final bien está lo que bien acaba, y esto ha acabado con una estampa familiar tan convencional que podría ilustrar un folleto parroquial, si Gucci o Chopard patrocinaran los folletos parroquiales .
Porque no permitamos que la iconografía nos despiste de la biografía ; Ronaldo fue padre antes de conocer a Georgina y recurrió después a la gestación subrogada para tener gemelos.
La pareja ha convivido durante una década y ha tenido dos vástagos sin estar casada.
Ella trabaja, factura, protagoniza un reality, construye una marca personal formidable y posee una independencia económica que provocaría un síncope a cualquier defensor serio de los roles femeninos tradicionales .
En la intrahistoria del brillante jugador se encuentran las declaraciones de su madre, que pensó seriamente en abortarlo, tal era la miseria en la que vivían entonces, y al que, recién nacido, casi se le negó el bautizo porque su padre y el padrino llegaron tan tarde que el cura ya había perdido la paciencia .
Y ahora llega la Virgen La contradicción pierde un poco de gracia porque nadie parece percibirla como tal.
Hemos adquirido tal capacidad para la falsedad, tal prodigiosa ceguera para defender unos valores y vivir según otros que nada importa siempre que las fotografías salgan bonitas .
La tradición o la coherencia ha dejado de ser una disciplina o un modo de vida para convertirse en una estética .
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