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Salud

Hugo, 20 años, exadicto a las pantallas: «Sentí que era un despojo. Ni comía ni salía»

ABC Bienestar ·
Hugo, 20 años, exadicto a las pantallas: «Sentí que era un despojo. Ni comía ni salía»

A sus 17 años, Hugo no podía ni imaginar que la vida le iba a poner tantos 'palos en las ruedas', que su salud mental iba a ser duramente vapuleada , que sería presa de una adicción tecnológica y, mucho menos, que ABC le haría esta entrevista por haber superado con gran tesón, mucho esfuerzo, y no poco sufrimiento, aquello que le enganchó a los videojuegos.

Este 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, este joven de 20 años es, sin duda, todo un ejemplo para muchos adolescentes cuyo tiempo está dominado por el uso de pantallas con el consecuente desequilibrio emocional. «Ojalá esta entrevista pueda ayudarles.

Todo el mundo puede cambiar y salir de este tipo de adicciones.

Eso sí, -advierte- te toca joderte, tragarte el ego y luchar , porque no es fácil tirar hacia delante.

El problema es que cuando eres adolescente te crees que puedes hacer todo tú sólo, pero no es así, se necesita ayuda y saber que estás en el momento adecuado para afrontar todo el proceso».Y es que Hugo era un chaval como otro cualquiera: jugaba a fútbol, estudiaba un grado medio de deporte, salía con sus amigos... pero el 6 de octubre de 2023 todo cambió .

Falleció su abuelo y se vio inmerso en un duro duelo por el gran vínculo que siempre mantuvo con él.

Una fecha que, además, quedará siempre en su memoria por ser el cumpleaños de Hugo.

Al poco tiempo, tuvo un grave problema en la rodilla que le dejó sin poder ir a clase y mucho menos jugar al fútbol. «De repente me vi encerrado en casa , no podía seguir estudiando lo que me gustaba, ni siquiera podía salir a hacer un poco de deporte, que era lo que en aquel momento de duelo por mi abuelo me permitía echarme unas risas y alejarme un poco de mi gran tristeza».Con este escenario comenzó a jugar a videojuegos para pasar el rato y evadirse un poco de la situación que se le había venido encima en poco tiempo.

Pero la distracción se le fue de las manos . «Podía pasarme todo el día jugando: levantarme a las 12 de la mañana para ponerme delante de las pantallas hasta las cuatro de la madrugada sin parar ni para comer.

Más que para divertirme, lo hacía para huir de lo mal que me sentía porque no tenía otro método de aliviar mi dolor.

A veces caía rendido de agotamiento y me quedaba dormido y, en otras ocasiones, le quitaba pastillas a mi madre para dormir porque me era imposible conciliar el sueño.

Tampoco quedaba para salir con amigos.

Prefería jugar ».Sus padres estaban separados y las discusiones en casa con su madre, con la que él vivía, fueron una constante. «Ella intentaba que dejara de jugar, pero yo hacía caso omiso y, ante su lógica desesperación, no sabía qué hacer conmigo.

No comía o me daba atracones por los que engordé varios kilos».

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC Bienestar.

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