Las maneras del río
En este río pasan cosas, le había dicho la mujer.
Cosas raras.
Cosas que no creerías.
El anciano la miraba desde la otra orilla, sin entender por qué aquella mujer tan elegante le hablaba como si fuera un niño.
En este río, insistió ella, suceden cosas imposibles.El anciano miraba el río y miraba a la mujer, miraba el río y miraba a la mujer, preguntándose por qué el agua discurría tan rápido de repente, tan sonora y turbia, y por qué ella llevaba aquel mono de crepé de seda cruda con pernera ancha, y aquel escote en uve que era aún más en uve por detrás, para dejar la espalda descubierta, y aquel cinturón fino que la convertía en avispa.
No le entiendo, señora, gritó. ¡No me llames señora!, gritó ella. ¡Ni se te ocurra llamarme señora! ¡Y se dice: no la entiendo! ¡¿Cómo?!, gritó de vuelta él, con la voz más sofocada a cada instante por el rugido del río. ¡No es: no le entiendo; es: no la entiendo; ¿no sabes ni siquiera eso?! ¡Entender es transitivo y yo soy tu complemento directo, yo, ella, yo, ¿no me estás viendo?, el pronombre es la, la, la, soy mujer, una mujer madura y fascinante! ¡Una mujer que llega aquí, a este rincón alejado del mundo, a las dos del mediodía, sólo para advertirte, con sandalias de tacón de aguja y aretes de oro amarillo y un brazalete rígido, sin collar para no saturar el escote, y un bolso de mano dorado tipo sobre, míralo (se lo enseñó), ¿verdad que se parece a un sobre?, y un moño semirrecogido! ¡Deberías prestarme atención, ¿no te parece?!¡Tráteme de usted!, respondió él.¡¿Cómo?!¡Que me trate de usted!¡No te oigo!¡Que me trate de usted, señora! ¡No me llames señora!¡Pues llámeme señor usted a mí! ¡Tengo seiscientos treinta y cuatro años!El río se detuvo al instante, como si reaccionara a las palabras del viejo (no lo hizo); no se calmó: se detuvo.
No se congeló tampoco, habría sido imposible con tanto calor.
Se detuvo nada más.Se ha parado el río, señora.Ya lo sé.
Lo he parado yo.¿Lo ha congelado?¿No ves que no? Mete el dedo.El anciano obedeció, aunque con dudas.
Se arrodilló, acercó el dedo al agua; lo retiró.
Lo acercó de nuevo, esta vez más despacio; se detuvo a un milímetro de la superficie.
Lo dejó allí, muy quieto.
Lo introdujo en el agua.Está líquido, confirmó.Claro que está líquido.
Es líquido.
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