Adolfo Suárez Illana: “La falta de entendimiento de PSOE y PP es peligrosa para todos”
A los 62 años Adolfo Suárez Illana ha sido muchas cosas, hasta un guadiana en política, con candidaturas fracasadas del PP y cargos institucionales en la Mesa del Congreso. Estos días publica un libro, La Concordia es posible (Espasa), con un alegato del diálogo, el consenso y los pactos, lo mejor de la herencia de su padre , el ahora mitificado expresidente Suárez. Un padre que le legó un consejo cuando aceptó por primera vez ser candidato político: “Te vas a meter en la mierda y el peligro es que te confundas con ella”. El hijo no reniega, pero ya desde lejos.
Pregunta. En la lápida de su padre figura sobre la concordia: “Fue posible”. ¿De verdad cree que es posible ahora?
R. Si lo fue en unas circunstancias francamente extraordinarias y complicadas como fueron aquellas, creo que lo es siempre.
P. Por herencia o creencia, usted tiene, como muchos españoles, mitificada la transición, como si no hubiera tenido también errores.
R. No tengo mitificada la transición, ni la miro con nostalgia. No fue un paseo de rosas. Con muchas cosas ni estoy de acuerdo, ni son recomendables en absoluto, ni siquiera son parte de la concordia. Pero el resultado sí fue bueno con independencia de que nos guste más o menos cada uno de los acuerdos a los que se llegaron.
P. Hacía esta pregunta porque ahora se habla mucho de los aciertos en concordia de entonces en contraposición al momento actual.
R. La concordia no es que sea una palabra, un sentimiento, es un método de hacer política, un método de convivencia, un diálogo entre iguales para acordar y eso en sí mismo fue el acierto.
R. No es un concepto mío, los derechos de autor son de Aristóteles, que define la concordia como una amistad civil. Un acuerdo no necesariamente unánime, pero sí lo suficientemente amplio y razonable para gestionar las cosas que importan a la ciudad. Es establecer un cauce para poder discutir sin que la falta de acuerdo acabe por generar una guerra civil.
P. Distingue ahí entre adversarios, rivales y personas con espíritu de reconciliación sin revanchas. ¿Demasiado naíf?
R. Si no se toma en serio. Abogar por el acuerdo, por el respeto entre actores políticos, por el reconocimiento de la legitimidad del otro, es un presupuesto vital de una importancia enorme para una nación y, si se le quita, es cuando nos deslizamos con una pendiente peligrosa.
P. Pese al clima de polarización y la falta de educación en la clase política actual, aboga por “convocar a la mejor España” para que se implique más, pero ahora es difícil presentar la política como atractiva para los mejores de la sociedad.
R. No nos podemos quejar de los políticos sin implicarnos y ser activos toda la sociedad. En la medida en que no hacemos esto, efectivamente, la clase política se degrada, se hace menos atractiva y no tendríamos derecho a quejarnos.
P. Usted dejó de ser dirigente y cargo del PP hace cuatro años. ¿Por qué?
R. Muy sencillo: no soy un político de primera línea de orgánico. Soy un ciudadano comprometido y llegó un momento en el que entendí que había cumplido mi ciclo y pedí el relevo.
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