Fábulas de verano
El verano es un buen momento para contar historias.
Tan bueno como el otoño, el invierno o la primavera, pero con una ventaja extra: el tiempo rescatado de las urgencias cotidianas.
Noches más largas y mañanas con menos prisas dan aire a mi niña interior, aventurera y fantasiosa, para que se pierda en una marea de historias.
Historias para mí, de los libros que esperaban pacientes esta tregua y, cada vez más, historias compartidas.
Compartir historias implica menos tiempo sólo mío, pero más universos desbordantes que alimentan mi corazón y mis ideas.
Gracias a eso, este verano de Mundial y eclipses, de incendios y temperaturas desbocadas, de crisis humanitarias y discursos más incendiarios que el fuego, de áticos millonarios de ida y vuelta, de periódicos y televisiones repitiendo bulos con afán desestabilizador y cero sonrojos, también es un verano de fábulas y fantasía.
De cuentos contados millones de veces y otros inventados sobre la marcha, al calor de la urgencia y de los intereses de quien me mira curiosa y me inspira.
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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en elpais.com — el contenido pertenece a El País.