Jorge Limón, experto en macrobiótica: «Cuando tomas agua fría, no te refresca, lo que haces es sudar más. Por eso la gente en verano está hecha polvo»
Durante los meses de verano, el calor cambia muchas de nuestras costumbres.
Una de las más habituales es llenar la nevera de botellas de agua para tener siempre una bebida fría a mano.
Abrimos la puerta del frigorífico varias veces al día y buscamos esa sensación inmediata de frescor .También ocurre cuando estamos fuera de casa.
En bares, tiendas, estaciones o supermercados compramos agua fría directamente, porque pensamos que así podremos soportar mejor las altas temperaturas .
Una botella muy fría parece ser una solución rápida para aliviar el calor.En ese preciso instante sentimos un impacto helado que nos hace creer que el calor desaparece y que el cuerpo se enfría de verdad.
Por eso muchas personas prefieren tomar el agua casi helada, principalmente después de caminar, hacer deporte o pasar tiempo al sol.Sin embargo, Jorge Limón , experto en macrobiótica (dirige el IMA, el Instituto Macrobiótico de Andalucía), ha señalado que esto no es así del todo.
Según explica, el agua fría no refresca realmente nuestro organismo, sino que consigue el efecto contrario .El efecto de tomar agua fríaJorge Limón, que se ha formado también en otras disciplinas como la medicina tradicional china, pone el ejemplo de China para hablar de lo que hacemos en España.Según su testimonio, en países donde hace mucho calor, como en China, la costumbre en los hoteles y restaurantes es servir agua caliente o infusiones .
De hecho, comenta que durante sus visitas a los barrios chinos de Nueva York siempre le servían infusiones calientes.La explicación está en la temperatura del cuerpo. « Nuestro cuerpo está a 37 grados », afirma Limón.
Por eso recuerda que los tuaregs del desierto beben infusiones.
Según su planteamiento, el cuerpo puede asimilar con más facilidad un líquido que está cerca de su propia temperatura.En cambio, cuando bebemos agua muy fría, el organismo tiene que hacer un esfuerzo para calentarla . «El cuerpo tiene que calentarla y ponerla a 37 grados», explica.
Ese trabajo interno puede hacer que sudemos más y que gastemos energía, aunque al principio notemos una sensación agradable de frescor. «Por eso la gente está cada vez más hecha polvo en verano», afirma.Para evitar este cansancio constante, Jorge Limón recomienda tomar agua a temperatura ambiente o recurrir a métodos tradicionales como el búcaro, que mantiene la bebida fresquita de forma natural.
Además, aconseja tomar infusiones templadas para reducir el cansancio.
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