David de Miranda, el torero imparable: «No soy capaz de mentir, no sé»
David de Miranda se asoma a la plaza que le cambió la vida.
Su mirada aceitunada se emociona al contemplar, desde la terraza del hotel Maestranza, ese escenario de primera que puso en pie hace justo un año y que ha vuelto a enloquecer con una doble puerta grande en la feria.
Pero no solo en el marco de la Malagueta: su temporada se escribe de triunfo en triunfo, con la regularidad como poderosa rúbrica.
Tanta sinceridad, tanta exposición, le ha costado duras volteretas, como la del sábado, cuando ya tenía conquistada la salida a hombros en uno de los carteles de mayor expectación del verano. «Otra gotera más, un varetazo en el gemelo; nada», dice con naturalidad el de Trigueros, como si esa quemazón que provoca un pitón no doliese.
Y si duele, se olvida: apenas unas horas después volvería a plantarse delante del toro.—¿Qué sintió al tocar de nuevo en el ruedo de su gran resurrección?—Me emocionó mucho pisar la plaza donde empezó todo y sentí mucha responsabilidad.
Lo sucedido el año pasado había que refrendarlo, incluso mejorarlo.—La segunda tarde, además, con las máximas figuras y la televisión presente.—Después de cómo estuvo el maestro Morante, de la entrega de Andrés, yo con la mía, creo que fue una tarde en la que nadie se aburrió.
Me sentí muy querido por el público, como si fuese un malagueño más. —¿Ha mudado la piel de su carrera desde aquel impacto de agosto del 25 hasta este?—Me ha cambiado mucho la vida gracias a aquella tarde de Málaga.
Me ha costado trabajo entrar de una vez por todas, y ahora estoy en ese momento de ir viendo mi nombre anunciado en las grandes ferias. —Es el triunfador infalible: ¿cómo gestiona mentalmente no dejar de pisar ni un solo día el acelerador?—Es el compromiso que adquiero con mi profesión, con la entrega que hay que llevar cada tarde a la plaza y con la ambición de querer llegar al sitio donde sueño.
Después de tantas piedras en el camino, siendo consciente del trabajo que me ha costado estar aquí, el cuerpo y la mente saben que esos esfuerzos cuestan menos.—¿Cómo de alto es ese sueño del que habla?—Desde que quise ser torero, mi sueño era llegar a ser figura del toreo.
Son palabras mayores y difíciles de conseguir, pero para estar en esta profesión tan dura la mentalidad tiene que ser esa.
El torero de Trigueros, contundente estoqueador, con el Estoque de Plata de Málaga Francis Silva—Es más rápido decir dónde no ha salido a hombros que dónde sí: ¿es un hombre de estadísticas?—Sinceramente, no me obsesiono.
A lo largo de mi carrera ha habido momentos en los que sí me obsesionaba el triunfo, pero ahora que lo busco menos es cuando verdaderamente lo estoy encontrando con más regularidad.
Afronto las tardes con tranquilidad, responsabilidad y compromiso, pero sin obsesión.
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