Francis Halzen, Nobel de Física 2026: "Mi principal reacción no fue de orgullo, sino de sorpresa"
Francis Halzen , Premio Nobel de Física 2026 , ha dedicado buena parte de su trayectoria al desarrollo de IceCube, el gigantesco detector instalado bajo el hielo de la Antártida para observar neutrinos procedentes del cosmos .
La entrevista publicada por la organización de los Nobel sitúa precisamente este proyecto y la apertura de una nueva etapa para la astronomía de neutrinos en el centro de su trabajo.
IceCube ha permitido detectar estas partículas y utilizarlas para estudiar regiones del universo que resultan muy difíciles de observar mediante la luz .
Para Halzen, el reconocimiento llega después de años en los que el propio funcionamiento del instrumento estuvo rodeado de incertidumbres técnicas.
En una entrevista concedida nada más ser informado del reconocimiento , el científico recuerda que IceCube nació como una propuesta que muchos consideraban atractiva, pero difícil de llevar a la práctica .
El proyecto exigía introducir sensores a gran profundidad mediante perforaciones con agua caliente y comprobar si el propio hielo antártico permitía detectar la luz producida por las partículas.
“ Mi principal reacción a este proyecto no fue de orgullo, sino de sorpresa ”, explicó Halzen al hablar de un trabajo que terminó superando obstáculos que inicialmente podían comprometerlo.
El físico llegó a presentar el detector durante las primeras fases con la expresión “ este es un detector, Deo volente ”, es decir, si Dios quiere.
IceCube Lab: el detector de neutrinos subterráneo situado en la Antártida dirigido por el Premio Nobel de Física 2026 R.
Badillo Su construcción empezó en 2005 y finalizó en 2010.
Curiosamente, dio a la ciencia sus primeros hallazgos antes de que terminase de edificarse Una de las mayores incógnitas estaba precisamente bajo sus pies .
Los investigadores desconocían con suficiente precisión las propiedades ópticas del hielo , una cuestión decisiva porque IceCube detecta la luz generada por el paso de partículas.
El equipo descubrió que la luz azul podía recorrer cientos de metros a través de ese hielo, algo que Halzen calificó de completamente inesperado.
La explicación estaba en el propio origen del material: se trata de nieve que cayó sobre la Antártida hace unos 50.000 años y que, debido a su elevada pureza, formó un medio extraordinariamente transparente.
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