Del Sahara a Ceuta y Melilla, la frontera que Marruecos quiere mover
La crisis de Ceuta no comenzó este agosto, ni puede explicarse atendiendo únicamente a las imágenes de miles de personas concentrándose frente a una frontera que Marruecos abre y cierra según sus necesidades políticas.
El verdadero punto de inflexión hay que buscarlo cuatro años atrás, en marzo de 2022, cuando Pedro Sánchez decidió respaldar el plan marroquí de autonomía para el Sahara Occidental y rompió una posición española mantenida durante décadas.
Aquella decisión produjo consecuencias que todavía no hemos terminado de medir.
Rabat obtuvo algo mucho más valioso que una carta diplomática favorable a sus tesis sobre el Sahara.
Obtuvo la confirmación de que la presión funciona, de que España puede modificar posiciones estratégicas cuando el coste de mantenerlas aumenta y de que una política suficientemente persistente de hechos consumados acaba encontrando interlocutores dispuestos a convertir la cesión en pragmatismo.
Desde entonces Marruecos se ha sentido envalentonado, porque cada concesión española ha sido interpretada en Rabat de acuerdo con una lógica de poder bastante elemental.
Quien cede bajo presión demuestra hasta dónde puede volver a ser presionado.Para comprender lo que está ocurriendo conviene abandonar durante unos minutos la mirada española y observar el mapa desde Rabat.
El expansionismo marroquí tiene una historia, una doctrina y una construcción ideológica que preceden ampliamente al actual monarca.
El proyecto del llamado Gran Marruecos, formulado por Allal el Fassi y el nacionalismo del Istiqlal, dibujaba unas fronteras que desbordaban ampliamente las internacionalmente reconocidas y alcanzaban territorios de sus vecinos.
Aquella cartografía maximalista no se convirtió íntegramente en política oficial del Estado, pero parte de su lógica territorial sobrevivió y encontró expresiones sucesivas en la política exterior marroquí.
La ocupación del Sáhara Occidental en 1975 constituye su manifestación más evidente.
Ceuta y Melilla permanecen dentro del imaginario reivindicativo marroquí y determinados discursos nacionalistas extienden incluso sus fantasías territoriales hacia otros espacios.
Cambian las circunstancias, cambian los instrumentos y cambia el lenguaje diplomático, pero permanece una concepción según la cual las fronteras actuales todavía pueden ser revisadas si las condiciones históricas y las correlaciones de fuerza lo permiten.Alianza con EE.UU.Por eso tienen especial importancia las recientes palabras del ministro de Justicia marroquí cuando habla de la paciencia de Marruecos respecto a Ceuta y Melilla.
La palabra paciencia describe bastante bien el método.
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