Devuélveme la Democracia
El autor se pregunta quiénes acompañarán a Miriam González en su nuevo partido, de centro, Democracia 21.
Cuando el desencanto y el disgusto con una decadente Democracia Liberal alcanzan decibelios que denotan que la desesperación va camino de lo irrevocable, ocurre una de dos cosas. O bien la Democracia Liberal es eliminada del mapa por la anti-política y el pensamiento único de un pujante e iliberal populismo, o bien, de una manera poco menos que milagrosa, es rescatada, reformada y reeditada.
Lo primero, la asonada y la eliminación del sistema , es lo que suele ocurrir cuando un gobierno tras otro se muestra incompetente o corrupto o ambas cosas a la vez, cuando la ciudadanía reclama fronteras seguras y cuando un fragmentado y fosilizado sistema parlamentario pasa a ser el culpable de males y de miedos.
Es entonces cuando aparece el carismático insurgente de turno que moviliza a una masa desesperada por llega a final de mes y la lanza en pos de la captura y el sacrificio del chivo expiatorio . En el altar de la Voluntad General y del Espíritu de los Tiempos que construyen los demagogos, la Democracia Liberal queda abierta en canal.
Todo esto fue lo que acaeció en el vecindario europeo durante el periodo de entreguerras del siglo pasado. Y es lo que tiene toda la pinta de estar volviendo a suceder en el Viejo Continente. Lo que está en la conversación diaria son frases hechas: "esto no puede seguir así"; "esto no hay quien lo aguante; "esto tiene que terminar de una santa vez".
Lo segundo, el rescate y la reedición de la Democracia Liberal, también tiene sus fechas, sus programas y sus protagonistas. En Estados Unidos los referentes son el presidente Abraham Lincoln y su discurso en la dedicatoria del cementerio de los caídos en la Batalla de Gettysburg durante la Guerra Civil. Y lo son el presidente Franklin Delano Roosvelt y la promesa del New Deal.
En España se cita, o se debería citar, a Antonio Cánovas del Castillo y a Alfonso XII en la primera restauración de la Corona y a Adolfo Suárez y a Juan Carlos I en la de un siglo después. Se dedicaron a escuchar al "otro" y estaban dispuestos a entenderse con él en aras de lo que Ortega llamaría un "sugestivo proyecto de vida en común".
Sin embargo se fue apagando en un tiempo relativamente corto la ilusionante y decorosa antorcha que habían encendido aquellas patrióticas generaciones, tan sensatas y curadas de espantos. Se impusieron la endogamia y el sectarismo y se abrieron una serie de brechas entre las élites que ocupaban los circuitos del poder y el pueblo que representaban. Los amigos políticos de la constitución canovista y los de Transición posfranquista acabarían perdiendo el pulso de la Nación.
A mediados de la semana pasada se celebró un acto esperanzador . Ante un numeroso público convocado por la Fundación Rafael del Pino una audaz mujer nacida en 1969 en el vallisoletano pueblo de Olmedo, el del "caballero" de Lope, exigió la urgente entrega del poder a la sociedad civil.
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