'Job crafting', un traje laboral a medida para pasar del control a la corresponsabilidad
Cada vez son más los trabajadores que reclaman mayor autonomía y bienestar, así como adaptar sus capacidades personales, circunstancias y expectativas a su puesto de trabajo.
A diferencia de otros enfoques donde el puesto está definido, en ocasiones de manera muy rígida, el 'job crafting' o rediseño del trabajo reconoce al trabajador como un agente activo capaz de moldear su entorno laboral para alinearlo con sus valores y motivaciones personales. «Supone evolucionar desde un diseño del trabajo establecido principalmente por la organización hacia otro en el que el profesional tiene un papel más activo», señala Jessica Bayón Pérez, profesora e investigadora del grupo Trabajo Líquido y Riesgos Emergentes en la Sociedad de la Información de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). «Esto puede aumentar la autonomía, el compromiso, el bienestar y el sentido de propósito, al permitir que la persona adapte determinados aspectos de su trabajo a sus capacidades, fortalezas e intereses, siempre circunscrito a las necesidades del puesto».Según Juan Martínez de Salinas especialista en gestión del talento y empleabilidad de personas, este modelo supone pasar de una relación basada principalmente en tareas, instrucciones y control a otra con mayor autonomía y corresponsabilidad.
La empresa define qué necesita conseguir y crea las condiciones para que el trabajador pueda rediseñar determinados aspectos de su trabajo sin romper los objetivos comunes, porque «dos personas pueden ocupar el mismo puesto, cumplir los mismos objetivos y, sin embargo, organizar determinadas tareas, relaciones o formas de trabajar de manera diferente».Este enfoque puede también favorece una relación más madura entre empresa y trabajador, añade Raquel Larena, directora de RR.HH. de Randstad, «porque no responde únicamente a las necesidades del jefe, el equipo o los clientes, sino también a la integración del uso de herramientas de IA para el desarrollo, automatización y optimización de las tareas y el trabajo».Para el trabajador, uno de los principales beneficios es precisamente esa mayor autonomía. «Puede aprovechar mejor sus fortalezas, desarrollar nuevas competencias, aprender, proponer mejoras y encontrar mayor sentido a determinadas tareas para favorecer su motivación, el compromiso y el desarrollo profesional», resalta Martínez de Salinas.
Para la empresa, «permite aprovechar capacidades de las personas que muchas veces permanecen ocultas porque no aparecen en ninguna descripción de puesto.
Además, puede generar innovación, mejoras en los procesos, mayor implicación y una mejor adaptación de los puestos a las personas».
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