Hallado en Teruel el primer diplodocus fuera de Norteamérica
Un equipo de paleontólogos de la Fundación Dinópolis ha descubierto en La Tejería (El Castellar), Teruel, los restos del que parece ser el primer diplodocus hallado fuera de Norteamérica.
Hasta ahora, todos los ejemplares confirmados del gigante del Jurásico por antonomasia procedían exclusivamente de la Formación Morrison, en el oeste de Estados Unidos.
El hallazgo, dado a conocer en la revista 'Journal of Vertebrate Paleontology', pone patas arriba lo que los investigadores creían saber sobre la distribución de los dinosaurios por el planeta hace unos 150 millones de años, y supone una evidencia convincente de que estos animales pudieron migrar entre continentes por puentes terrestres temporales.
Pocos dinosaurios son tan icónicos como este enorme saurópodo herbívoro de hasta 25 metros de longitud.
Su aspecto característico, con su enorme cuello, su cola aún más larga en forma de látigo y su cabeza relativamente pequeña, lo convirtieron en uno de los más reconocibles por el gran público desde que se descubrieron los primeros esqueletos a finales del siglo XIX.
Durante décadas, sus reconstrucciones han dominado los museos de historia natural de todo el mundo.
Como un puzlePero hasta ahora, nadie habría esperado encontrarlo en Europa.
De hecho, los fósiles turolenses fueron excavados en varias expediciones llevadas a cabo durante 2008, 2014 y 2015, y trasladados a la galería de exhibición de fósiles de dinosaurios del Museo Aragonés de Paleontología de Dinópolis, en Teruel, donde aún se exhiben, sin que nadie conociera su auténtica naturaleza.
No fue hasta hace un par de años que el equipo comenzó a estudiarlos concienzudamente.
El excelente estado de conservación de los restos permitió identificar características anatómicas distintivas del diplodocus, como las 14 vértebras caudales (de la cola) y varios huesos en forma de chevrón.
Posteriormente, análisis filogenéticos avanzados despejaron las dudas: los investigadores estaban frente a un diplodocus, concretamente un pariente cercano de Diplodocus hallorum .«El hallazgo es extraordinario, pero no fue un momento eureka.
Fue un proceso largo, muy ilusionante, en el que encajamos las piezas del puzle poco a poco», explica a este periódico Sergio Sánchez Fenollosa, estudiante de doctorado en biodiversidad y biología evolutiva en la Fundación Dinópolis y autor principal del artículo. «Cuando nos dimos cuenta de qué se trataba fue un momento de satisfacción brutal», reconoce.
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