El gran cuidador
Cuando nos separamos, mi marido dejó caer que sospechaba que yo tenía un amante.
Pero yo no tenía un amante, tenía un cuidador.
Un gran cuidador. ¿Quién no sueña con vivir en un hotel? No se fie usted de nadie que no lo haga.
Lo sigo pensando incluso con lo que me ha pasado.
Que te preparen el desayuno, que te hagan la cama, la comida, todo limpio y ordenado siempre… En este caso, era mucho más.
Voy a intentar contárselo de la forma más ordenada posible, me entenderá mejor.
La primera vez no era verano.
Fue un fin de semana en octubre.
Tenía previsto un viaje de trabajo que se anuló a última hora del jueves.
No sé por qué no lo dije en casa.
Ya había avisado a mi marido y a mis hijos, la casa se había quedado organizada para mi ausencia y pensé ¿por qué perder la oportunidad de concederme unos días para mí? Había oído hablar de él.
Pero me costó encontrarlo, la verdad.
En pleno centro de la ciudad, pero escondido.
No lo supe al principio, pero era justo lo que yo estaba haciendo.
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