Guadalajara: la factura de no invertir en nuestras ciudades
Lo que está ocurriendo en Guadalajara debería encender las alarmas en todo México.
Miles de ciudadanos salieron a las calles para protestar por algo tan elemental como recibir agua limpia en sus hogares.
La protesta terminó además en enfrentamientos, decenas de detenidos y heridos.
Pero detrás de las imágenes de la movilización existe una historia mucho más profunda: la tragedia de Guadalajara no comenzó en las calles; comenzó hace décadas, cuando dejamos de invertir suficientemente en la infraestructura que sostiene la vida cotidiana de nuestras ciudades.
El agua turbia, con sedimentos y malos olores que durante meses ha llegado a numerosos hogares de la Zona Metropolitana de Guadalajara es solamente la manifestación visible de un problema acumulado.
La principal planta potabilizadora de la metrópoli, Miravalle, fue construida en 1956.
Es decir, tiene alrededor de 70 años.
Especialistas han advertido que su modernización y mantenimiento fueron relegados desde finales de los años noventa.
A ello se suma una red de distribución de más de 8,600 kilómetros, parte de ella envejecida y con problemas de mantenimiento.
El resultado estaba anunciado.
Guadalajara siguió creciendo, se construyeron viviendas, centros comerciales, parques industriales, oficinas y nuevas vialidades; pero una parte de la infraestructura que hacía posible ese crecimiento permaneció prácticamente invisible bajo tierra.
Hasta que comenzó a fallar.
Ese es precisamente el problema de la infraestructura urbana: mientras funciona nadie la ve; cuando deja de funcionar paraliza la ciudad.
Y Guadalajara no es una excepción.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.elfinanciero.com.mx — el contenido pertenece a El Financiero.