Herencia maldita
Don Gerolano, señor de edad madura, logró con ayuda de su cartera que una atractiva dama en flor de edad, complaciente de cuerpo y disimulada de alma, aceptara acompañarlo al Motel Kamawa.
En la habitación número 210 del citado establecimiento el provecto caballero le dijo a la joven mujer: “Quizá veas en mi cabeza las nieves del invierno, pero en mi corazón laten los ardores del verano”.
Acoró la damisela: “Pues póngale a esa cosa algo de primavera, porque si no se nos va a ir aquí todo el otoño”. (Y todavía falta más de un mes)...
Ya conocemos a Capronio.
Es un sujeto ruin y desconsiderado.
Su esposa le dijo ayer: “El autor de este libro afirma que el amor crece con la distancia”.
“Es cierto –confirmó el bellaco–.
Mientras más lejos está tu mamá siento que la quiero más”...
La mujer de Astatrasio Garrajarra lo reprendió con acritud: “Anoche llegaste bien borracho”.
“No es cierto” –negó el temulento.
“Sí lo es –reafirmó la señora–.
A mí me querías dar cuerda, y te le subiste al reloj de pedestal”...
Se enredó la pita –así se dice coloquialmente– en el caso del conflicto que afrontan tanto el director del Seguro Social como el líder del sindicato que agrupa a sus trabajadores.
Éstos sienten que no han sido bien representados por su dirigente, y piden su renuncia.
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