El toro en la calle
Huamantla, ciudad tlaxcalteca a las faldas de la imponente Malinche.
Su feria se ha convertido en una cita importante en el calendario taurino, religioso, cultural y festivo en México.
En el mes de agosto la actividad taurina en nuestro país se retoma con fuerza.
Huamantla es sin duda la ciudad junto con San Luis Potosí que más suena en el ámbito festivo nacional.
Lo era también Teziutlán, pero la cobardía política ante los amparos antitaurinos ha borrado del mapa a la ciudad, una pena que un sitio tan importante haya sido borrado del mapa cultural por una ciudadana que no entiende ni respeta las tradiciones de su pueblo como la tauromaquia.
Cero derrama económica, cero promoción turística, y sin embargo los políticos doblan las manos ante los prohibicionistas.
Todo lo contrario de lo que sucede en Tlaxcala.
Este estado es muy taurino, de ahora a fin de año la derrama económica en hoteles, restaurantes, casetas, gasolina y autobuses se dispara debido a la actividad taurina que empresas como Feria Toro potencializan en este mes de agosto en Huamantla.
Además de la Corrida de las Luces en la Noche que nadie duerme, de la que escribí la semana pasada, el próximo sábado 22 de agosto se celebra la tradicional Huamantlada.
Festejo por demás interesante cuyo origen viene del año 1954, cuando se corrieron al estilo Pamplona los toros que ese año se lidiarían el 15 de agosto, provenientes del hierro de Piedras Negras.
Un año antes, el ganadero de esta casa legendaria, había estado presenciando en Pamplona los encierros y propuso que se hiciera algo similar en la feria de Huamantla.
Fue así como Eduardo Bretón, Manuel de Haro Caso, Gonzalo Macías Galaviz, Sabino Yano Sánchez, Miguel Corona Medina, Emilio Macías Sánchez, Francisco Ramírez Lima, Enrique Cervantes Aragón y Jesús Villaseñor se coordinaron y trabajaron para que, hace 72 años, se corrieran los toros hasta la plaza La Taurina.
En los años 70, se decidió ya no correr los toros que serían lidiados por la tarde ya que en los encierros anteriores había gente que intentaba torear los toros en la calle, lo que afectaría directamente al resultado del festejo vespertino, por lo que se decidió que se echarían toros por las calles para entretenimiento de la gente.
De esta manera la Huamantlada se consolidó como una fiesta popular del toro en la calle.
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