En 2013 un ingeniero en India creó un glaciar artificial en pleno desierto. 13 años después, la agricultura vive de su invento
En plena madrugada de enero, a más de 3,000 metros de altitud en un desierto helado, un aspersor lanza un chorro de agua hacia la noche gélida.
Las gotas ni siquiera tocan el suelo en estado líquido: se congelan en el aire y, noche tras noche, van formando gigantescas torres de hielo de hasta 50 metros de altura.
Estas estructuras, conocidas como estupas de hielo en Ladakh , no son un truco visual ni una atracción turística: son una ingeniosa respuesta de supervivencia humana frente a la sequía extrema y, sobre todo, frente al desfase del calendario agrícola regional . {"videoId":"xa4gvjs","autoplay":true,"title":"Roku streaming stick", "tag":"", "duration":"59"} El reto de sembrar a contratiempo .
Ubicada al norte de la India, la región de Ladakh es un desierto frío de gran altura donde llueve menos de 50 milímetros al año .
Alrededor del 80% de los agricultores locales depende exclusivamente del agua que aportan los glaciares de las montañas para sacar adelante sus cosechas.
Sin embargo, los tiempos de la naturaleza no coinciden con los del campo.
Los glaciares naturales se derriten tarde, entre junio y julio, mientras que las comunidades necesitan regar la tierra para sembrar entre abril y mayo.
Para colmo, los arroyos de la zona bajan con abundante caudal durante el invierno, justo cuando la congelación impide darles cualquier uso agrícola.
El primer paso de Chewang Norphel .
A finales de la década de 1980, el ingeniero indio Chewang Norphel ideó una alternativa: desviar las corrientes invernales hacia laderas protegidas del sol.
Con muros de contención de piedra, logró almacenar el agua en láminas delgadas que se congelaban con facilidad y servían luego para regar los campos.
En Xataka México Los gases del ganado contaminan y la aceituna genera residuos.
Científicos han encontrado la solución a ambos problemas: los polifenoles El proyecto más representativo de esta técnica se levantó en Phuktsey: una franja de hielo de casi 300 metros de extensión que abastecía a unas 700 personas .
El método funcionaba, pero tenía limitaciones serias: exigía condiciones muy específicas de sombra y gran altitud para evitar que el hielo se evaporara antes de tiempo, por lo que resultaba sumamente complejo replicarlo a gran escala.
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