Regularizar la tierra para proteger el patrimonio
En México, la tierra y los inmuebles representan mucho más que un patrimonio económico: son el resultado del trabajo de generaciones y, con frecuencia, el principal legado que una familia puede dejar a sus hijos.
Sin embargo, miles de propiedades en todo el país mantienen algún grado de irregularidad jurídica, situación que puede facilitar conflictos, fraudes e incluso despojos.
El problema tiene raíces históricas.
El artículo 27 de la Constitución de 1917 sentó las bases del régimen de propiedad y de la reforma agraria.
Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, el reparto agrario alcanzó una dimensión sin precedentes y consolidó el sistema ejidal.
Décadas después, la reforma constitucional de 1992 y la Ley Agraria dieron paso a mecanismos para otorgar mayor certeza a la propiedad social.
Entre ellos destacó el PROCEDE , programa mediante el cual se certificaron derechos ejidales y se titularon solares urbanos.
Por otra parte, el crecimiento de las ciudades generó asentamientos irregulares que dieron origen a programas de regularización.
La antigua CORETT , hoy INSUS , ha desempeñado un papel relevante en la regularización de terrenos y asentamientos humanos, buscando que sus poseedores puedan obtener certeza jurídica sobre sus inmuebles.
A pesar de estos esfuerzos, el problema persiste.
En la Ciudad de México y en otras entidades del país se han presentado casos de despojo y fraude inmobiliario.
En algunos casos, los delincuentes aprovechan propiedades abandonadas, sucesiones no tramitadas, escrituras que nunca fueron inscritas, información registral desactualizada o documentos deficientes.
Por ello, el Registro Público de la Propiedad constituye una herramienta fundamental de seguridad jurídica.
No basta con tener un documento que aparentemente acredite la propiedad: es necesario conocer los antecedentes registrales, verificar quién aparece como titular y revisar si existen gravámenes, embargos o cualquier otra limitación.
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