La guerra de las patadas (la conspiración)
Desde que terminó el Mundial de Futbol, la vida de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se volvió una pesadilla.
Un error, querer vender el 20% de la FIFA a un fondo de inversión privado sin decirle a nadie, detonó una guerra para destituirlo.
Tres confederaciones, la UEFA (europea), la Concacaf (Norteamérica, México, Centroamérica y el Caribe), y la AFC (asiática), están atacándolo sistemáticamente y movilizando refuerzos.
Los últimos, un grupo de futbolistas estrella, leyendas y actuales, que pidieron su relevo porque “suficiente es suficiente”.
Las críticas generalizadas y su impopularidad tienen que ver con la forma como ha llevado el futbol como una corporación de capitalismo salvaje.
Pero en el fondo, es una lucha de poder por el control del balón en el mundo, y de lo que resulte, el futbol no volverá a ser lo que conocemos.
Detrás de todo hay un choque de escuelas de pensamiento: la de Infantino, que quiere abrir el futbol para aumentar el acceso a naciones pequeñas y pobres que en el mediano plazo suban su calidad, eleven el espectáculo y los ingresos y la de la UEFA, que quiere mantener el statu quo y conservar su relevancia y poder en el mundo del futbol.
La historia de esta guerra de las patadas está llena de intrigas y traiciones, que tiene rota a la FIFA, y ha llevado al futbol de pantalones largos a una crisis.
El conflicto estalló por la firma del acuerdo con un fondo de inversión dirigido por el hermano de Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump, para que comercializara los derechos del mundial, triplicando los ingresos de las seis confederaciones 300% en 12 años.
Infantino, sin embargo, no informó a las 211 federaciones, sus patrones, ni a su equipo, que se enteró por el Financial Times, que publicó el acuerdo y desencadenó todo.
Impactado por lo que había provocado, en aislamiento, descubrió que el presidente de la Concacaf, el canadiense Victor Montagliani, su amigo, lo había traicionado, porque le prometió la UEFA que sería su remplazo.
Esperaban que la embestida provocara su caída este año, pero la estrategia colapsó cuando Montagliani se topó con el rechazo del principal equipo de la Concacaf: México.
La Federación Mexicana de Futbol, en una acción polémica y fuertemente criticada, se deslindó de la Concacaf, y respaldó el llamado que había hecho Infantino para defender la institucionalidad y gobernanza de la FIFA, con lo cual, deliberada o inopinadamente, frenó el golpe de Estado expedito.
Montagliani no podría entregar un bloque compacto en la votación contra Infantino.
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