Mundo enfermo, por Fernando Rodríguez
Correo: [email protected] Mira que ha habido presidentes torpes y crueles en USA.
Ninguno, damas y caballeros, como Trump.
No hacen falta demasiados esfuerzos para demostrarlo.
El último rival podría ser Busch hijo, pero en su favor, y el de su país y la humanidad, no pretendía ser sino un opaco funcionario, vigilado por su padre, dispuesto a dejar sus funciones mayores en manos del aparato administrativo.
Donald tiene en su acervo un narcisismo delirante, una moral dislocada, un amor enfermizo y extendido a la familia por el dinero, un demoledor de las leyes y los principios más solemnes y necesarios, un ignorante sistemático y un mentiroso incesante, un guerrerista inclemente… en fin cualidades bastante peligrosas en el hombre más poderoso del mundo.
Pero la pregunta mayor que hay que hacerse en estos casos es la razón –de la sinrazón– que permite que este ser haya sido colocado, y por segunda vez, en dicho sitial.
Para no profundizar digamos que fueron los votos de una mayoría de norteamericanos. ¿Por qué lo hicieron? Porque algo anda muy mal en sus neuronas y su afectividad o, simplifiquemos, en su ideología, en su visión del mundo.
Como quiera que su relación social es torva, por pobres ensimismados y por milmillonarios torvos (especialidad de Donald), genera individualismo radical, odio al diferente «amenazador», apoliticismo, culto a lo irracional y la violencia, rechazo de la modernidad democrática.
Estas simplificaciones pueden ser aplicadas, mutatis mutandis, a todos los monstruos fascistas que surgen por doquier en las más diversas zonas del globo.
Trump es, por supuesto, el director de la orquesta.
Curiosamente en países prósperos, europeos verbigracia, o en países pobres, limitémonos a América Latina, donde ya superan la decena. *Lea también: Tomar la palabra, por Gustavo Villasmil Prieto Se habrá fijado usted que casi todos están liderados por una figura por cuya salud mental usted, es un decir, no apostaría.
La motosierra y los gritos y gestos frenéticos de Milei; las ridículas excentricidades violentistas de Espirella; el sadismo silencioso y artero de Bukele; el pinochetismo de Katz en Chile: el terrorismo de Alternativa para Alemania, el partido mayor del país; la condenada corrupción de madame Le Pen; la criminal gesta de Netanyahu, acabar con un país… y pare usted de contar.
Hay mucha gente ideológicamente enferma, si usted lo dice, pues sí.
Y, muy de paso, si usted cree que lo que sucede en Venezuela es algo sano, hágase ver amigo.
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