El cine honesto de Rápido y furioso
El llamado cine culto ve con desdén a una saga como Rápido y furioso . Y puede que tenga razón cuando cuestiona que la franquicia luzca eterna, con estrenos incesantes que parecen salidos de sueños de noche con mucha azúcar.
Sin embargo, el origen de su espíritu es totalmente loable. La primera entrega de la saga es el tipo de película que se agradece, de esas que recuerdan aquellos momentos en los que uno se sentaba frente a la pantalla simplemente para desconectarse.
Una trama sencilla, precisa, pero no por ello desechable: que comprende que en la pantalla vale todo mientras se acepten y respeten los acuerdos.
Rápido y furioso cumple 25 años de haberse estrenado, y ahora vuelve a la pantalla para celebrar haberse convertido en una referencia del cine comercial de este siglo.
Es la historia de cómo surge la amistad entre Brian O'Conner (Paul Walker) y Dom Toretto (Vin Diesel). El primero es un policía encubierto de Los Ángeles que se infiltra para investigar a una banda que roba camiones. Es así como se adentra en el mundo de las carreras ilegales de carros deportivos, un submundo en el que conoce a Toretto y sus aliados, principales sospechosos de unas cuantas fechorías.
Dirigida por Rob Cohen, Rápido y furioso es de esas películas que tienen costuras que se perdonan por las buenas intenciones bien logradas en la pantalla.
Su primer acto es más que correcto. Presenta a cada personaje con la debida medida para que se vaya acumulando la tensión. Brian no encaja bien al principio, pero el guion va permitiendo que su aceptación sea cada vez más atinada en el clan.
De hecho, con sencillez pero efectividad, el realizador logra algunos planos para subrayar las situaciones más sosegadas. Hay momentos en los que trabaja el encuadre para presentar los pequeños conflictos a resolver, como en la primera carrera en la que compiten Brian y Toretto, cada uno en sus respectivos extremos de la línea de salida, la distancia que para ese momento los separa por la desconfianza imperante.
Y las escenas de acción se agradecen , con tomas que permiten ver las carreras, las persecuciones, acción real en el set con un equilibrado uso de efectos especiales y una buena tanda de extras que le dan esa fortaleza de realidad en su contexto.
Claro que hay planos detalle redundantes para aminorar la necesidad de tanto ajetreo en el set. Ahora bien, la propuesta es una rareza cuando se ve en retrospectiva desde un presente sobrecargado de CGI.
Con diálogos suficientes, y a veces innecesarios, Rápido y furioso cumple su objetivo de ser una película de acción con la tensión que permanece intacta más de dos décadas después. No es una historia original, aunque los responsables de la película dan las pinceladas justas para captar la atención y mantenerla durante todo el metraje.
Hay personajes secundarios que son relleno, y algunas situaciones innecesarias, además de que los papeles femeninos sin duda son vistos de otra manera en 2026.
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