Incomprensión, por favor
Hay dos formas de hacer algo: bien y otra vez.
Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas.
Antonio Machado Hablando se entiende la gente, según un dicho que parece ser cada vez menos sabio y menos popular.
De acuerdo con María Popova, “El lenguaje es el cáliz que nos llevamos a los labios para saborear nuestra propia experiencia — una nave que constriñe lo que contiene dándole su propia forma.
Mientras más compleja nuestra experiencia, más turbias las emociones que la constituyen, más se desborda lo que el lenguaje puede contener”.( https://www.themarginalian.org/2026/08/24/book-of-human-emotions/ ) Sin intentar descubrir el agua tibia, creo que el lenguaje es básicamente acuerdo, convención.
Quienes idean términos para nombrar algo tratan de resolver una necesidad de entendimiento.
Luego el uso va puliendo los bordes y se va logrando una aceptación más o menos general del significado.
Hay conceptos más fáciles de compartir.
Los de objetos concretos, por ejemplo: una silla, una mesa.
Pero los casos ambiguos son sujetos de controversias.
Para intentar resolverlas se plantean criterios que enmarcan las categorías.
En la ciencia, donde la precisión es fundamental, los términos se definen detalladamente y haciendo alusión a parámetros estrictos.
Así se hace porque es vital que lo que se comunica pueda entenderse con claridad.
Pero a veces, en otras áreas, se busca justo lo contrario: ser impreciso, confuso, lo cual permite ganar tiempo o desalentar a la contraparte.
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