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El regreso bloqueado y el «contrabando» de CAP 1976

Analítica ·

En la historia política de Iberoamérica abundan las ironías, pero pocas resultan tan aleccionadoras como los paralelismos entre épocas de transición.

A mediados de 1976 , el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez (CAP) aterrizaba en Madrid y, guiñándole un ojo al monarca, afirmaba traer «contrabando» en el avión presidencial.

Se trataba del entonces proscrito líder del PSOE, Felipe González , quien así, volvía de forma discreta a una España en plena mutación institucional.

Hoy, cincuenta años después, la memoria de aquella audaz jugada diplomática, nos mueve a pensar en un episodio similar como alternativa para que María Corina Machado pueda volver al país.

Imaginemos el escenario de un mandatario extranjero o de un enviado de Estados Unidos trayéndola en un vuelo oficial.

El paralelismo inicial, es evidente en la forma, pero profundamente divergente en el fondo.

En 1976, España transitaba con cautela hacia una apertura general; el «contrabando» de CAP fue un acto de complicidad tácita con los sectores reformistas del postfranquismo que buscaban legalizar las fuerzas políticas tradicionales para estabilizar el reino.

Por el contrario, la reconfiguración del mapa político venezolano tras la caída y captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 y la subsiguiente asunción de un Gobierno interino, plantea un abismo de diferencias y consecuencias radicalmente opuestas.

Los recientes siete intentos fallidos de Machado por reingresar a su país desde Panamá (mezclando fallidas rutas marítimas y bloqueos de vuelo en el Caribe) demuestran que las «fuerzas oscuras» que bloquean su retorno, no responden a la sintonía de un pacto de convivencia democrática generalizada. ¿Qué ocurriría si un avión oficial norteamericano o un dignatario latinoamericano emulara a CAP e ingresara con la líder de Vente Venezuela a Maiquetía? Las consecuencias, lejos del discreto desembarco y la posterior victoria electoral que vivió Felipe González en los años ochenta, desatarían un sismo político de tres vertientes: La primera, pondría en un dilema al Palacio de Miraflores.

En efecto, para el gobierno interino de Delcy Rodríguez, que en septiembre de 2026 ha buscado recomponer lazos de pragmatismo económico y petrolero con la administración de Donald Trump en Nueva York; la llegada forzosa de Machado sería una bomba de tiempo.

Arrestar a una figura galardonada con el Premio Nobel de la Paz dinamitaría inmediatamente la frágil fachada de normalización y estabilidad económica que el chavismo reformista intenta vender al mercado internacional.

No obstante, permitirle libre tránsito significaría ceder el control de la calle y la narrativa interna a su principal némesis política.

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