El negocio de la historia
Las venideras elecciones parlamentarias en Estados Unidos ponen en juego el proyecto y futuro político del presidente Trump.
Salir de ellas políticamente ileso será la prioridad absoluta de su administración durante las próximas semanas.
Allá el precio cotidiano de la gasolina se ha vuelto un tema central de la contienda, tanto por impacto real como porque quienes adversan a Trump lo empujan hacia el ojo del huracán político.
Su administración urgentemente necesita mostrar a Venezuela como la estrella fulgurante de su desempeño – aunque esto aún sea un engorroso episodio no completamente resuelto, que implica profundas traiciones dentro del equipo chavista.
Al elector promedio de Estados Unidos le importa poco la realidad venezolana sino el impacto en sus intereses cotidianos.
Los genuinos expertos señalan que los precios de la gasolina no pueden mejorar significativamente antes de noviembre.
Pero Trump sabe que la gente vive de esperanzas.
Y precisamente ahora arma todo un apurado espectáculo sobre un “negocio de la historia” montado ostentosamente sobre la indiscutible premisa de que Venezuela es la mejor y más confiable fuente energética para Occidente.
El show se improvisa con desechables convidados de utilería.
A efectos electorales importa un rábano si allá en Venezuela esos peleles levantan una polvareda de indignación: Para Minnesota Songo da igual que Borondongo.
No parecen oportunos los aspavientos y exhibicionismos de la galería ante un arriesgado malabarismo político.
Los aguafiestas no son bienvenidos.
Todo tiene su momento.
De hecho, la presencia de la mafia reinante en la escena trae la ventaja de desnudar en toda su hipocresía y corrupción la falsedad de los libretos de la hoy castrada izquierda venezolana.
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