Antonio de la Cruz: Trump conquistó Venezuela, ha olvidado devolverle su democracia
Los imperios rara vez anuncian que están construyendo un protectorado.
Prefieren hablar de estabilidad, reconstrucción institucional y prosperidad compartida.
Los romanos llevaban carreteras.
Los británicos, ferrocarriles.
Estados Unidos lleva inversiones petroleras, asesores y una promesa: algún día, cuando las instituciones estén preparadas, los venezolanos podrán elegir a sus gobernantes.
La pregunta es quién decidirá cuándo habrá llegado ese día.
Han transcurrido nueve meses desde la captura de Nicolás Maduro, el 3 de enero de 2026 —el escenario que hoy domina el debate venezolano.
El hombre que durante años simbolizó la permanencia del chavismo ya no gobierna desde Miraflores.
Sin embargo, buena parte de las estructuras que sostuvieron su poder permanece bajo el gobierno interino de Delcy Rodríguez.
Esta es la primera paradoja de la Venezuela posterior a Maduro: Estados Unidos consiguió alterar la cúspide del poder, pero todavía no ha demostrado que pueda transformar sus fundamentos.
Y podría descubrir que ambas tareas son radicalmente diferentes.
El príncipe que Washington decidió conservar Maquiavelo habría reconocido inmediatamente el problema.
Cuando un poder extranjero interviene decisivamente en la sucesión de un gobernante, necesita administrar las consecuencias.
Destruir toda la estructura anterior puede producir el caos.
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