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Anita descubrió su sentido de vida

El Carabobeño ·
Anita descubrió su sentido de vida

Conocí a Ana a través de mi hermana, pues trabajaban en la misma empresa, y allí se hicieron muy buenas amigas. Ana era alegre y simpática. La primera vez que vino a casa nos deleitó con sus canciones; poseía una bella voz y ejecutaba muy bien la guitarra. Quedamos encantados y, a partir de ese momento, cada vez que teníamos una celebración, queríamos que estuviese presente.

En una de tantas reuniones interpretó una canción que había estado de moda, una que en el coro decía “Anita tun tun… Anita tun tun…”. A partir de entonces, Ana comenzó a ser para nosotros “Anita tun tun”; ella reía y lo aceptaba con cariño.

Tiempo después nos llegó la triste noticia de que le habían diagnosticado un cáncer… todos quedamos consternados. Ana tenía una hija —Mariela— que para ese entonces contaría con unos diez años y siempre la acompañaba. No le conocimos más familia; parecía que estaba sola con su hija. Semanas después de confirmado el diagnóstico, nos reunimos con ellas. Había iniciado su quimioterapia y nos dijo con mucha seguridad y firmeza que superaría la enfermedad, porque ella no podía dejar a su hija desamparada, y solo le pedía a Dios esperar hasta verla graduada y casada. Todos los presentes le dieron ánimo: “claro que sí, Ana”, “hay que tener fe”…

Los años fueron pasando, Mariela terminó el bachillerato e inició sus estudios de Administración, y poco después, en otra zancada del tiempo, se graduó y se comprometió en matrimonio. Su boda fue bastante sencilla, pero muy emotiva, con Ana muy alegre y aún con fuerzas para cantar sus canciones.

La siguiente reunión con Ana fue nuestro último adiós. Sus amigos le llevaron mariachis —porque así ella lo pidió— para despedirla con alegría. Los presentes valoraban la actitud con que había asumido su ineludible destino y la pasión con que se entregó a acompañar a su hija.

¿Cómo logró Ana postergar ese vuelo definitivo hacia su destino, en donde ya tenía su asiento asignado, y colocarse de última en la lista de espera?

Aquel momento en que con tanta seguridad y firmeza manifestó que no dejaría a su hija desvalida, nos trajo inevitablemente a la memoria —una vez más, pues su sabiduría es inagotable— el libro “El hombre en busca de sentido”. Allí Viktor Frankl explica que quienes tuvieron más posibilidades de sobrevivir en los campos de concentración alemanes, fueron aquellos que se aferraron a la esperanza de volver a ver a un ser querido, ya fuese un hijo o su pareja, a una misión que debían cumplir o a una tarea que solo ellos podían realizar.

La experiencia de Ana se desarrolló en un contexto en donde ciertamente los días de su vida estaban contados, pero ella se aferró al amor por su hija y al propósito de no abandonarla hasta verla llegar a puerto seguro, misión que, a su criterio, no podía delegar y solo ella podía cumplir. Otros asistentes al funeral le daban crédito a la fe de Ana, la cual siempre fue en aumento y nunca abandonó, y aseguraban que había sido obra de Dios haberle concedido esa prórroga.

Venezuela fue afectada hace unas semanas por dos terribles terremotos.

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.el-carabobeno.com — el contenido pertenece a El Carabobeño.

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