El otro marco
Desatender un marco más idóneo, más representativo, condujo a una composición donde la legitimidad no fue prioritaria
No me refiero a un homónimo, tocayo, de Marco Rubio, me refiero al marco referencial en el cual debió inscribirse el proceso de decisiones para la transición democrática, el funcionamiento de la mesa de negociaciones, me escuece la palabra diálogo como a la mayoría de los venezolanos. No sobra remarcar que no son dos partes iguales, quienes están en la mesa. Una parte minoritaria, el gobierno encargado, ilegítima, el poder usurpador, saqueador, enchufado al presupuesto y las riquezas nacionales, expertos en cosmetología política, estiramiento del tiempo para remozarse en el poder.
La otra parte, el país urgido por las prioridades de la vida, de extrema pobreza, el país de salario de 130 Bs. mensuales, del universitario de 0,20 dólares al mes, del que lleva el kit y hasta la vestimenta de los cirujanos para su intervención quirúrgica, el país desenchufado del Guri, de los cientos de presos políticos atrapados en centros de torturas.
Desatender un marco más idóneo, más representativo, condujo a una composición donde la legitimidad no fue prioritaria. Dicen expertos que tal decisión surgió bajo la conseja de encontrar interlocutores institucionales reconocidos por ambas partes, así fueron escogidos como representantes, la A.N. del 2015 y una representación Chavista extraída de la A.N. sin actas, de 2024. En la mesa no están representados María Corina Machado, ni Edmundo González, verdaderos representantes legítimos consagrados por la soberanía nacional, expresada en los resultados, con actas, del 28J del 2024.
Ni la dramática urgencia de los venezolanos ni la legitimidad de los interlocutores está en la mesa, de allí se ha derivado un especial manejo del tiempo. La prioridad fundamental de los venezolanos: Elecciones presidenciales, tampoco está en la mesa.
Cualquiera repararía en el detalle de que el modelo normativo, el esquema de funcionamiento de la programación de la mesa, privilegia el despilfarro del tiempo en un país hundido en una catástrofe humanitaria, donde el sueldo mínimo vale menos que lo que se requiere para comprar un pan, un pasaje en bus, un vaso de agua, pensar en un medicamento resulta inimaginable.
Se ha hecho una lista de temas, asuntos que resolver, espaciado, utilizando cálculos arbitrarios del tiempo, espaciado por meses, significando con esto que ese tiempo precalculado se cumplirá fatalmente, así ya esté resuelto el asunto abordado, cual si fuera una programación de estaciones del tiempo o fenómenos naturales, temporada de huracanes, o meses de cosecha de mangos o tomates.
La opacidad se torna cómplice de quienes son consultados, tengan o no legitimidad e idoneidad. He aquí donde se cuelan los intereses partidistas, grupales, negociaciones que paga el país, sin que el país conozca como se está comprometiendo el futuro de la gente, de la nación.
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