Mercosur: integrar sin converger, por Nicolás E. Salvoni
Tres décadas y media de reglas comerciales compartidas no produjeron una trayectoria común de desarrollo: la brecha entre los socios se abrió durante los años noventa y, treinta y cinco años después, sigue abierta.
X: @Latinoamerica21 A treinta y cinco años del Tratado de Asunción , la supervivencia del Mercosur constituye un resultado destacable en sí mismo, aunque resulta insuficiente.
Compartir reglas comerciales no bastó para acercar las trayectorias de ingreso y producción de sus socios.
Al mismo tiempo que el bloque discute la renovación del Focem , el fondo creado para reducir asimetrías entre sus miembros, comienza una nueva etapa en su relación comercial con la Unión Europea .
En este marco surge la pregunta: ¿qué significa que una integración sea exitosa cuando la convergencia que da nombre a su principal instrumento redistributivo no llegó a producirse? La integración suele evaluarse por el comercio intrarregional, la continuidad institucional o la capacidad para evitar rupturas.
Esas dimensiones dicen poco sobre otra aspiración histórica del regionalismo: reducir asimetrías y favorecer una transformación productiva compartida.
Crecimiento sin convergencia Desde la conformación del Mercosur, todos los miembros crecieron, aunque sus trayectorias fueron dispares.
La distancia en producto por habitante entre los cuatro socios es hoy mayor que al inicio del bloque.
La divergencia se concentró en la primera década, coincidente con la etapa de mayor peso del comercio intrarregional en las exportaciones .
Desde entonces, la participación del comercio intrabloque perdió peso en las ventas externas de los cuatro socios.
Argentina y Brasil, que explican alrededor del 96% del producto y de la población del bloque, mantuvieron casi inalterada su relación de producto por habitante mientras que Paraguay recortó levemente distancia con ambas economías.
El alejamiento corresponde principalmente a Uruguay, que partía prácticamente empatado con Argentina en el primer lugar y amplió su ventaja: creció un 129% entre 1990 y 2024 frente a entre 56% y 64% para los otros socios .
La falta de convergencia no tuvo lugar como un alejamiento general y sostenido durante treinta y cinco años.
Fue un episodio concentrado principalmente en los años noventa y protagonizado por un socio, mientras el núcleo argentino-brasileño permaneció estable en el tiempo.
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