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Política

Mito del consenso y autoritarismo en Venezuela, por Samuel J. Pérez Hermida

TalCual ·
Mito del consenso y autoritarismo en Venezuela, por Samuel J. Pérez Hermida

Correo: [email protected] El pasado sábado 12 de septiembre asistí a un evento en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV, organizado por la Friedrich Ebert Stiftung y un partido de la oposición democrática venezolana de inspiración socialdemócrata, cuyo tema central fue «¿Hacia dónde va Venezuela?».

Allí intervinieron como ponentes una destacada investigadora de la historia y profesora universitaria, miembro de la Academia Nacional de la Historia, y un importante analista político.

Sus planteamientos generaron en mí tanto coincidencias como desacuerdos, pero lo más importante es que sus aportes motivaron también las reflexiones y preguntas que inspiran este artículo y que, por razones de espacio, seguiré desarrollando en una próxima entrega.

Debatir sobre el futuro de Venezuela suele activar la recurrente tentación de refugiarse en una narrativa reconfortante, según la cual nuestra historia está constituida por una sucesión continua de negociaciones y acuerdos que han permitido superar nuestros casi innumerables conflictos gracias a nuestra natural vocación republicana, apuntalada por principios como el de la legitimidad.

Sin embargo, al confrontar esa visión con los reales procesos histórico-sociales de nuestra formación como nación, la tesis de «un pueblo movilizado que pacta cívicamente su destino» se revela más como una construcción idealizada que como una constante histórica.

La idea de una sociedad movilizada por principios republicanos como el de la legitimidad solo cobra fuerza real con el proceso de la modernización, acelerado en Venezuela tras la muerte de Juan Vicente Gómez en diciembre de 1935.

Antes de ese momento, los acuerdos producidos en el siglo XIX carecieron por completo de protagonismo popular.

El Tratado de Coche (1863), con frecuencia presentado como un ejemplo de entendimiento, no fue más que una transacción entre élites militares y políticas exhaustas tras la devastación causada por la Guerra Federal.

No hubo allí búsqueda de consenso social ni participación ciudadana, sino una repartición pragmática del poder entre las cúpulas del conservadurismo y el liberalismo.

La cultura política venezolana no se ha constituido teniendo como uno de sus pilares la idea de los pactos civilistas, sino a partir de la inmanencia de la persistente tríada histórica del caudillismo, el personalismo político y el militarismo.

A lo largo de más de dos siglos, el verdadero poder en Venezuela no ha emanado de las instituciones republicanas, sino de la fascinación de nuestra sociedad por el hombre fuerte y la subordinación a las armas.

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