Si un alumno murió, hay que hablarlo: Guía de Cecodap para regreso a clases tras sismos
El psicólogo Walter García, especialista en protección infantil de Cecodap, recomienda estar atentos a cambios en la conducta, acompañar el duelo por las pérdidas y recuperar poco a poco la sensación de seguridad en la escuela Volver al colegio después de los terremotos del 24 de junio puede ser difícil para un niño a nivel emocional.
No solamente porque tenga que regresar a un salón en donde ahora quizá hay grietas, sino porque puede encontrarse con que un compañero murió, que su maestro ya no está, que su escuela está temporalmente cerrada o que incluso tendrá que estudiar en otro lugar.
En esos cambios puede aparecer el miedo y no siempre se va a expresar de la misma manera.
El psicólogo Walter García , especialista en protección infantil en Cecodap (Centros Comunitarios de Aprendizaje), explica que una de las primeras señales de las que deben estar pendientes los padres es a la angustia que pueda producirle separarse de su cuidador principal.
El niño puede tener miedo de que le pase algo a su mamá, papá o cuidador mientras está en el colegio, o de que le ocurra algo a él mientras está lejos de casa.
Puede ser que no quiera salir de la casa o que puede aceptar ir al colegio, pero permanecer angustiado.
Por eso, García recomienda no fijarse únicamente en si el niño llora mucho o tiene miedo, sino en qué está dejando de hacer por cómo se siente. «Si es algo que le esté impidiendo socializar, si es algo que le esté impidiendo de repente estudiar, poder hacer cosas que hacían su cotidianidad y eso se prolonga durante el tiempo, si pasa un mes, pasan dos meses y todavía no ha podido retomar su vida cotidiana, esos son indicadores de los cuales hay que estar atentos», explica.
El regreso a clases también puede hacer aparecer reacciones vinculadas con el terremoto.
Por ejemplo, un niño puede tener miedo de quedarse solo en el salón , ponerse triste porque un compañero ya no está o reaccionar con temor ante un sonido repentino o una vibración.
El experto explica que algunos niños pueden tener momentos de desregulación.
Pueden llorar y no conseguir tranquilizarse aunque la maestra intente consolarlos y, por supuesto, pueden aparecer gritos.
Pero no todos reaccionan de esa manera.
Otros pueden inhibirse mucho, lo que implique que dejen de hacer una tarea, o que no quieran participar o aislarse de sus compañeros.
Por eso, dice García, hay que mirar tanto la expresión muy intensa de las emociones como el extremo contrario , que es cuando el niño deja de hacer cosas que antes hacía normalmente.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en talcualdigital.com — el contenido pertenece a TalCual.