Dormir toda la noche pero despertar agotado: qué hay detrás del cansancio que no se va
Dormir ocho horas y aun así levantarse con sensación de desgaste dejó de ser una experiencia aislada en los relatos sobre bienestar y salud cotidiana.
En muchos casos, la percepción de cansancio ya no aparece solo después de una semana exigente o de una mala noche, sino como una sensación sostenida que compromete la concentración, baja la motivación y vuelve más difíciles las tareas habituales.
La escena suele repetirse en personas que, al menos en apariencia, sostienen rutinas ordenadas.
Mantienen horarios, intentan descansar, cuidan la alimentación y conservan sus responsabilidades laborales.
Aun así, el agotamiento persiste.
Ese cuadro puede pensarse a partir de la carga alostática —el costo biológico de adaptarse de forma reiterada a exigencias que no ceden— y de si el organismo logra salir del estado de alerta.
Cuando esa activación se mantiene por largos períodos, el descanso pierde eficacia y el cansancio deja de explicarse solo por la falta de horas de sueño.
Qué explica la carga alostática y por qué importa La alostasis —la capacidad del cuerpo para ajustarse a una demanda concreta manteniendo la estabilidad interna— activa mediadores como el cortisol y la adrenalina (hormonas del estrés que preparan al organismo para responder), eleva la frecuencia cardíaca y pone al cuerpo en alerta.
El punto decisivo aparece después, cuando ese sistema debería volver a un nivel basal.
El problema surge cuando ese retorno no se produce con normalidad.
Bruce McEwen , neuroendocrinólogo de la Universidad Rockefeller que describió el fenómeno en 1993 junto a Eliot Stellar, definió la carga alostática como el desgaste acumulado que deja una adaptación permanente al estrés —el precio biológico de no poder apagarse.
Ese desgaste no impacta en un único sistema: puede expresarse en la presión arterial, en cambios metabólicos vinculados con la glucosa, en procesos inflamatorios y en funciones cerebrales relacionadas con la memoria y el aprendizaje.
Un estudio publicado en 2025 en Journal of Psychosomatic Research , con datos representativos de adultos de Estados Unidos, encontró que los niveles más altos de carga alostática se asociaron con una mayor probabilidad de reportar problemas de sueño.
El trabajo incluyó 5.331 participantes y registró que 1.485 personas —equivalentes al 29%— informaron dificultades para dormir .
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