La distopía que no vimos venir
Nadie lo vio venir.
O peor: todos creyeron haberlo visto venir, pero imaginaron otra cosa.
Durante años nos alimentamos de distopías elegantes y rebeliones heroicas.
Pensamos en Metrópolis , en Blade Runner , en Orwell, en Huxley, en el hombre aplastado por la máquina, en robots emancipados, en sistemas totalitarios con rostro severo y uniforme planchado.
Siempre había un enemigo claro, una opresión visible, una narrativa que ordenaba el caos.
Y siempre el héroe ganaba por sobre la máquina.
Pero lo que no anticipamos fue algo mucho más incómodo: que la nueva división social no vendría impuesta desde afuera, sino internalizada como mérito, presentada como innovación y envuelta en el lenguaje higiénico del management.
Los gigantes tecnológicos apuestan por los anteojos para llevar la IA a la vida cotidiana Año 2040.
Las organizaciones ya no tienen empleados: tienen niveles de integración algorítmica.
Y para la tristeza de muchos, ya no se habla de experiencia, seniority o potencial sino que se habla de compatibilidad cognitiva con sistemas inteligentes.
No es lo mismo trabajar con inteligencia artificial que vivir dentro de ella.
Hay quienes la manejan —los integrados— y quienes son manejados por ella —los ejecutados.
Los primeros no son necesariamente más inteligentes, ni más cultos, ni más talentosos.
Pero aprendieron a hablar el idioma de la máquina.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación Economía.