Matías Muñoz, psicólogo: “Nuestra identidad también es imperfecta: está compuesta por aspectos exigentes y perfeccionistas y otros más realistas y empáticos”
¿Qué tipo de amor aprendimos? ¿Qué queremos tomar de nuestros padres y llevarnos con nosotros? ¿Qué necesitamos dejar con ellos que no nos pertenece? ¿Qué precisamos transformar de lo recibido para amar más y mejor? Estas preguntas y muchas más nos plantea el reconocido psicólogo Matías Muñoz (56), en su libro: Tras las huellas del amor .
Fiel a su estilo práctico y dinámico, cargado de reflexiones, casos de su clínica cotidiana, actividades y ejercicios de introspección (“me quería encontrar con el lector”, subraya), el autor invita a bucear dentro de la propia historia para entender de dónde venimos y hacer las paces con lo que nuestros antepasados nos brindaron y también con aquello que sentimos que nos faltó.
El fin es uno: tomar lo bueno, dejar en ellos lo que no nos pertenece y revisar lo que necesita ser cambiado para imprimir una nueva huella en nuestro destino y relacionarnos hoy, de manera libre y plena con nosotros mismos y con los demás.
Agua de avena en ayunas: beneficios nutricionales, propiedades curativas y cómo prepararla –Después de tu primer libro sobre crianza, ¿por qué elegiste abordar este tema y a qué se debe el título? –Tuve ganas de llegar a todos los adultos (no solo a quienes son padres) e invitarlos a revisar y sanar sus historias de amor , valorando y honrando lo recibido.
Y, al mismo tiempo, animarlos a encarar los cambios que necesitan realizar de ese modelo aprendido para crear una nueva rama en el árbol de sus vidas, donde a consciencia elijan cómo quieren ser y vincularse en la actualidad.
Ir del amor que aprendí al que elijo vivir. –¿Cuál es el valor de honrar y agradecer a quienes nos precedieron? –Es crucial.
Nuestros padres nos dieron la vida, sin ellos no existiríamos, y si bien en la adolescencia es sano cuestionarlos o enojarnos con ellos, en la adultez es imprescindible poder valorar y respetar ese amor así como fue .
O sea, poder mirar, además del dolor vivido, los recursos que nuestros padres y ancestros desplegaron para llegar hasta acá.
Porque aun en circunstancias limitadas, ellos dijeron un sí a nuestra existencia.
Y aunque nuestra historia haya sido disfuncional, por ejemplo pudimos haber padecido el abandono de un progenitor, es justo reconocer que también seguramente hubo gestos para rescatar, esas presencias de amor que olvidé.
Períodos de amamantamiento; tantos días de llevadas y buscadas por la escuela, celebraciones de cumpleaños.
La memoria nos puede jugar una mala pasada, ya que recuerda más el dolor que el placer o alegría.
Hay que estar atentos.
Preservarse es poder tomar distancia del sufrimiento, pero con cuidado, es decir, sin arrebatar a los padres su lugar.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación Salud.