Marguerite Duras, escritora francesa: “Uno bebe porque Dios no existe”
El revuelo fue total.
Frente a las cámaras de la televisión francesa, en el mítico programa cultural Apostrophes conducido por Bernard Pivot , una mujer de rostro surcado por los años y mirada imperturbable pronunciaba cinco palabras que congelaron a la audiencia: “Uno bebe porque Dios no existe”.
Corría el año 1984.
Esa mujer era Marguerite Duras , quien acababa de publicar El amante , la novela que la catapultó a la masividad absoluta y le valió el Premio Goncourt .
Contundencia, polémica, ironía.
Poco tiempo después, en 1987, esa misma frase quedaría grabada a fuego en las páginas de La vida material , un libro inclasificable nacido de las conversaciones con el cineasta Jérôme Beaujour .
A través de este texto, la autora no ensaya una disculpa ni una justificación higienista sobre su adicción.
Lo que hace es una radiografía existencial: para Marguerite Duras , el alcoholismo no es una debilidad moral ni una enfermedad biológica.
Es otra cosa: una respuesta trágica ante el silencio del universo.
Para comprender la potencia de la frase, hay que entender qué significaba Dios para la escritora.
No se trata de una queja atea elemental o de una rabieta adolescente contra la religión.
Para la directora de Hiroshima mon amour , la ausencia de Dios es la ausencia de un sentido último, de un orden que justifique el sufrimiento humano.
El vacío que deja esa inexistencia es intolerable.
El alcohol, entonces, opera como un misticismo invertido.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.infobae.com — el contenido pertenece a Infobae América.