Cuando el problema no es el jefe
Durante años me dediqué a escribir sobre malos jefes.
Jefes tóxicos, narcisistas, incompetentes, inseguros, autoritarios, delirantes y el listado sigue.
También sobre organizaciones espantosas, culturas enfermas y empresas que podrían utilizarse como material de estudio para entender todo lo que no hay que hacer.
Y está bien que así sea: cuanto más arriba estamos en una organización, mayor es nuestra responsabilidad sobre lo que sucede debajo.
El poder no sólo otorga privilegios, también multiplica la responsabilidad.
Pero llegó el momento de bajar al llano.
Porque existe una verdad que quienes trabajamos en organizaciones conocemos perfectamente: no todos los problemas vienen de arriba.
Hay colaboradores de espanto.
Son esos compañeros insufribles, empleados que chupan sangre, energía y, en días particularmente intensos, las ganas de vivir.
Seres que sobreviven a reorganizaciones, fusiones, adquisiciones, cambios de CEO, transformaciones culturales y hasta a Recursos Humanos, que no es poca cosa.
Si un meteorito destruyera mañana la empresa, probablemente aparecerían entre los escombros preguntando si el viernes se mantiene el home office.
La distopía que no vimos venir En una columna anterior sobre la fauna corporativa describí algunas criaturas que habitan nuestras organizaciones.
Pero aquella fauna merece una ampliación.
Porque así como existe el jefe infernal, también existe el colaborador capaz de transformar un equipo razonablemente sano en una sucursal del purgatorio.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación Economía.