«Iban a casarme a cambio de dos camellos, 35 vacas y 20 cabras con un hombre que ya tenía dos esposas»
Cuando una niña nace en un país occidental, se espera de ella que vaya a la escuela, estudie, juegue con sus amigas y crezca poco a poco hasta convertirse en una adulta.
Este camino puede ser muy distinto si esa niña nace en otro lugar y su destino estará marcado en otra dirección: pobreza, inseguridad y falta de oportunidades.
En este contexto, el paso de la niñez a la edad adulta será más rápido e, incluso, en contra de su voluntad.Esta es la situación que enfrentan millones de jóvenes en todo el planeta que son obligadas a casarse cuando todavía deberían estar en el patio del colegio.
En la región del África Subsahariana se ubica la tasa de matrimonio infantil más elevada del mundo.
Según los datos recopilados por Unicef, el 37% de las niñas menores de edad están casadas.
Los factores que motivan estos casamientos pueden ser distintos, según detalla Blanca Carazo , responsable de Programas Internacionales de Unicef.En primer lugar, influye la percepción del género femenino, que normaliza la idea de que «las chicas no tienen capacidad de decidir sobre su futuro», explica Carazo.
También inciden las prácticas culturales de ciertas comunidades, que pueden considerar naturales estas uniones infantiles y no las conciben como costumbres que ponen en riesgo el desarrollo infantil.
Asimismo, pueden estar condicionadas por la pobreza familiar.
La portavoz de Unicef relata que «ante una situación en la que los padres se van quedando sin recursos, el matrimonio es una forma para que la familia del marido se haga cargo de esta chica y de cubrir sus gastos».Sueños rotosUno de tantos casos es el de Julie, la alumna más brillante de su clase, en un pueblo de Sudán del Sur.
Tuvo que abandonar la escuela porque «la casaron con un hombre 30 años mayor y ahora está embarazada por segunda vez».
Su prima, beneficiaria de la ONG Entreculturas, se acuerda de ella con tristeza: «Dice que es feliz, pero yo la conocía, tenía sueños grandes».Sea cual sea la razón detrás de obligar a una niña a casarse, la consecuencia directa es que esos sueños, como los de Julie, se cortan en seco.
Las perspectivas de la pequeña de estudiar o trabajar en lo que desee se desvanecen y su único futuro será atender su hogar y criar a sus hijos.
Esta joven sursudanesa explica la cruda realidad: «Cuando una niña se casa, la familia recibe tierras, dinero o ganado.
Pero para eso t ienes que 'valerlo': saber cocinar, limpiar y cuidar.
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