Decenas de clanes criminales, procedentes de Oriente Próximo y los Balcanes, imponen su ley en Suecia
Mediodía, más calor del habitual en Rosengard, distrito de Malmö, en Suecia .
A la puerta de un restaurante de comida rápida, un joven saca una pistola y descerraja varios tiros contra uno de los comensales, delante de la abundante clientela.Lafiscal Anna-Sara Karlsson informa después que el sicario es un menor y que ha sido reclutado por un hombre de 20 años, también detenido, que se gana la vida captando menores para los clanes criminales a través de miles de anuncios en aplicaciones cifradas para cometer «delitos violentos graves, especialmente encargos de asesinato, pero también de ventas de droga».En 2025, se produjeron en Suecia 84 homicidios relacionados con este mecanismo, 42 con armas de fuego.
Desde 2016 se han registrado casi 2.800 tiroteos, con 385 muertos y 930 heridos.
La mayoría de los tiroteos y explosiones están vinculados a conflictos entre redes criminales , clanes familiares o grupos organizados con estructura jerárquica, que se dedican a la droga, la prostitución, los robos, el blanqueo y la extorsión.
El uso de armas automáticas, explosivos y sicarios jóvenes es característico de estas organizaciones, que se hacen con el control de barrios enteros en los que imponen su propia ley.La Policía sueca tiene identificados al menos a 40 clanes, desde el clan Alikhan, establecido en la ciudad de Gotemburgo y originario del Kurdistán iraquí, al igual que el clan Barzani, hasta los de origen somalí como el clan Musa o el Ali/Aden.
Otros son de origen balcánico, como el clan Krasniqi o el Berisha, que trafica además con armas, o de origen árabe como los clanes Al-Salem o Al-Hasan.
También los hay de origen turco, como el clan Yildiz, que controla importantes redes económicas informales.480.000 de los habitantes viven en barrios administrados por los clanes, según estiman las autoridades suecas.Las autoridades suecas estiman que alrededor de 480.000 de sus habitantes viven en barrios en los que prima una administración paralela de Justicia, que administran los clanes y que está caracterizada por «las llamadas normas de honor, la baja confianza en la sociedad y la segregación», en palabras de la ministra de Educación e Integración, Simona Mohamsson. «Esto confirma mi opinión de que la mayor amenaza para la libertad contra la sociedad sueca se escribe 'clan'» , resume la situación.Una sociedad paralelaEl investigador Mathias Wahlsten ha sido comisionado por el Gobierno para mapear y analizar estas estructuras sociales paralelas y habla de un «desafío social complejo».
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