Una de tres para The Weeknd
Qué agradables las noches de verano cuando sopla esa pequeña brisa madrileña que acerca un poco el mar y aparcar cerca del Metropolitano aún es posible.
Expira Agosto, queda un pellizco de vacaciones, y en el aire hay esa sensación de que todavía hay tiempo : para terminar el libro, para apurar las olas, para una última comilona.
Tiempo, ese bien tan finito y escaso, como siempre recuerda mi abuela.
Dentro de ese impasse feliz pero inusual, llegaba The Weeknd a Madrid.
Era la primera de sus tres noches consecutivas y el estadio, sin llegar al lleno absoluto, presentaba una buena entrada.
El canadiense arrancó con «Baptized in fear» y «Wake me up» , del disco que presentaba anoche, «Hurry up tomorrow».
El estilo de su música oscila entre el hip-hop, el techno y el pop ochentero pasado por el filtro de la electrónica moderna, combinación ideal para un estadio.
Siguió «After Hours», la primera gran melodía de la noche, antes de «Starboy» y «Heartless», que incorporaron el trap y el rapeo para terminar de calentar al público.
A The Weekend le acompañaron 32 figuras embutidas en túnicas rojas y máscaras blancas , en un claro guiño a esa última película de Kubrick que, según los peor pensados, le costó la vida.
Lejos de hacer un gran alarde de baile coral, se movían, casi a cámara lenta, en un recurso visual que se quedó muy corto. «Take my breath», en cambio, resultó de las más efectivas de la noche.
Más popera y con guiños evidentes a Michael Jackson (que fue el que inventó esto de los divos del pop), le puso algo de picante a un espectáculo pobre.
La canción evolucionó hacia sonidos más duros y provocó el jolgorio.
Sin descanso, sonó «How do I make you love me» antes de «I can't feel my face» , que suena en todas las radios del mundo cada semana.
El Metropolitano se hizo discoteca, que era un poco la idea, y seguro que algún vecino pensó en comprar un medidor de decibelios.
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