Anticuerpos unidos a fármacos: cien años buscando la bala mágica para el cáncer de mama
A principios del siglo XX, cuando las terapias contra el cáncer apenas iban más allá del escalpelo, un médico alemán llamado Paul Ehrlich tuvo una idea que hubiese sonado a ciencia ficción: ¿sería posible desarrollar un tratamiento capaz de reconocer por sí solo a las células enfermas, golpearlas con precisión y no tocar nada más? La bautizó con un nombre tan bonito como idealista: la bala mágica.
El problema es que en su época aquello era, sencillamente, imposible: faltaban dos cosas, un elemento que buscase a las células enfermas y un fármaco potente capaz de eliminarlas.
Ese fármaco llegó a mediados del siglo XX con la quimioterapia , que ha salvado incontables vidas, aunque daña a todo lo que se divide rápido, no solo a las células tumorales.
Seguía faltando la manera de dirigir la bala mágica.
La respuesta llegó del sistema inmunitario: los anticuerpos, moléculas que, como misiles teledirigidos, reconocen una diana concreta entre millones y se pegan solo a ella.
En los años 70 aprendimos a fabricarlos a la carta, y la receta pareció clara: coges un anticuerpo que sepa encontrar a la célula tumoral, le enganchas un fármaco que la mate , y ya está, la bala mágica de Ehrlich hecha realidad.
El nombre técnico es anticuerpos unidos a fármacos, o ADCs.
Cómo funcionan los Anticuerpos Unidos a Fármacos Un ADC es como un dron de reparto programado para entregar en una dirección muy concreta.
El dron es el anticuerpo, que reconoce la diana de la célula tumoral y se dirige únicamente a ella ; el paquete es el fármaco, una carga muy potente que elimina la célula desde dentro, y que por sí sola sería demasiado tóxica para todo el cuerpo.
La diferencia entre rociar un edificio entero con insecticida o llamar solo a la puerta del piso que tiene la plaga.
Pero una idea atractiva sobre el papel puede ser muy distinta en la práctica clínica: encontrar una marca en la célula tumoral que no esté en las sanas, una diana clara, es muy complicado, porque las tumorales derivan de las sanas.
Así que la bala permaneció durante muchos años en el mundo de la magia .
Los primeros intentos llegaron con cuentagotas, y no fue hasta el año 2000, cien años después de la idea de Ehrlich, cuando se aprobó el primer anticuerpo unido a un fármaco, dirigido a un tipo de leucemia .
En el cáncer de mama, la bala mágica llegó por partes.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.20minutos.es — el contenido pertenece a 20 Minutos Salud.