De las casas de nuestras abuelas a los interiores más actuales: el suelo hidráulico se reinventa con nuevas combinaciones y materiales
Hubo un tiempo en que los suelos hidráulicos estaban presentes en casi todas las viviendas modernistas, especialmente en fincas de Cataluña y la Comunidad Valenciana. Después desaparecieron durante décadas y hoy vuelven a ocupar un lugar protagonista, tanto en su versión artesanal como en las colecciones cerámicas que reproducen sus dibujos con gran realismo.
La duda ya no es si quedan bien –porque aportan muchísimo carácter–, sino cómo utilizarlos para que no saturen el espacio, dónde funcionan mejor y qué diferencias existen entre los auténticos y los porcelánicos. Aquí te lo contamos.
Hay materiales que conservan su atractivo durante décadas y el suelo hidráulico es uno de ellos. No depende de un color de moda ni de un dibujo concreto, sino de la forma en que está hecho. Cada baldosa se fabrica de manera artesanal mediante un molde metálico que separa los distintos pigmentos del diseño. Después se rellena con una mezcla de cemento, polvo de mármol y colorantes minerales que se prensa a gran presión, sin necesidad de cocción.
Ese proceso da lugar a pequeñas variaciones de tono y textura que no son defectos, sino parte de su encanto. Ninguna pieza es exactamente igual a otra y, una vez colocado, el conjunto adquiere una riqueza visual difícil de conseguir con un pavimento fabricado en serie.
La importancia que siguen teniendo estos pavimentos se aprecia en proyectos como el que vemos sobre estas lineas, del estudio Sincro, donde la recuperación del suelo original se convirtió en uno de los ejes de la rehabilitación. En este caso no se trataba de una baldosa hidráulica, sino de un mosaico Nolla , otro pavimento histórico que suele confundirse con frecuencia con el hidráulico. La diferencia está en su fabricación: mientras el hidráulico se compone de baldosas de cemento pigmentado prensadas una a una, el Nolla se construye a partir de pequeñas teselas de gres porcelánico cocidas a alta temperatura que permiten crear composiciones geométricas de enorme precisión.
Más allá de sus diferencias técnicas, ambos comparten una misma cualidad: forman parte del patrimonio arquitectónico de muchas viviendas y, cuando aparecen durante una reforma, lo habitual es restaurarlos e integrarlos en el nuevo proyecto en lugar de sustituirlos.
Las mejores sorpresas de muchas rehabilitaciones aparecen cuando se levantan los revestimientos instalados décadas después. Bajo un parqué flotante, un suelo laminado o un vinílico pueden esconderse auténticas joyas que han permanecido ocultas durante años.
Eso fue precisamente lo que ocurrió en este piso situado en el Passeig de Sant Joan, en Barcelona, reformado por Co blonal. Al retirar el pavimento más reciente aparecieron dos revestimientos originales distintos: una baldosa hidráulica tradicional y un mosaico Nolla. En lugar de unificar toda la casa con un material nuevo, el estudio optó por restaurar ambos pavimentos pieza a pieza y convertir esa diferencia en uno de los grandes atractivos del proyecto.
Siempre que el estado de conservación lo permita, recuperar un suelo original es una decisión acertada.
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