El beso fuera de protocolo de Diana de Gales y Carlos III que dio origen a una nueva tradición en las bodas reales
Hoy cuesta imaginar una boda de la realeza sin un beso de película. Un romántico gesto que acapara todas las miradas y se convierte en uno de los momentos más esperados de cualquier enlace. Sin embargo, no siempre fue así. En 1981, Diana de Gales y Carlos III (entonces príncipe) hicieron historia al ser los primeros en besarse públicamente ante una multitud. Un símbolo del amor que rompió el rígido protocolo que hasta entonces regía las ceremonias reales, estableciendo un antes y un después. No solo se ha convertido en una de las tradiciones más románticas de las bodas de la realeza, sino también en uno de los gestos más laureados de los miembros de la realeza tras las celebraciones nupciales.
La boda: el beso en el balcón no estaba planeado ni formaba parte del protocolo. Fue el entonces príncipe Carlos quien decidió besar a Diana frente a la multitud congregada fuera del palacio que gritaba, con alegría, pidiendo a los recién casados que intercambiaran un beso. Este gesto rompió con las formalidades de la realeza británica y marcó el inicio de una tradición que otras parejas reales han seguido en sus bodas.
La boda: ellos fueron los primeros royals británicos en emular el beso de Lady Di y el entonces príncipe Carlos. Eso sí, los diques de York no se conformaron con un solo beso. Después del primero, la multitud comenzó a aclamar aún más fuerte, y ellos repitieron el gesto. Esto fue visto como un guiño a la conexión especial que tenían con el público.
La boda: Mette-Marit no provenía de la nobleza y tenía un pasado considerado poco convencional para una futura reina consorte. Por eso, su unión con Haakon de Noruega fue algo controvertida. Su enlace fue, además, mucho más moderno que los de otros miembros de la realeza noruega y el beso fue un momento sencillo pero emotivo, que simbolizó la cercanía y calidez de la pareja. Esto ayudó a consolidar su imagen como una pareja real contemporánea y accesible.
La boda: la pareja regaló no uno, sino dos besos en el balcón del Palacio Real en Ámsterdam. El primero fue breve y tímido, pero ante los vítores del público, se dieron un segundo beso más largo y apasionado. Esta muestra de cariño desató aún más aplausos y reafirmó su popularidad. Máxima, siempre espontánea , mostró una gran sonrisa antes y después del beso.
La boda: igual que hicieron algunos miembros de la realeza de otros países, Mary y Federico de Dinamarca inauguraron una tradición al besarse en público, compartiendo con el pueblo un momento íntimo. El entonces príncipe Federico, conocido por ser reservado en público, dejó ver su lado más romántico durante el beso. Además, en varias ocasiones durante ese día, se le vio visiblemente emocionado, incluyendo un momento en la ceremonia cuando se le escaparon lágrimas al ver entrar a su esposa al templo.
La boda: tímido, algo solemne, pero muy cariñoso. Así fue el beso que intercambiaron nuestros monarcas durante su boda. Aunque el día estuvo marcado por la lluvia, eso no impidió que una multitud se agolpara en la Plaza de Oriente para ver a los recién casados .
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