El accidente más útil de la historia: el nacimiento del embudo
Hay inventos que surgen de años de estudio, de laboratorios punteros y de mentes brillantes que persiguen una idea con obstinación casi patológica.
Y luego están los otros: los que aparecen porque alguien derramó algo en el momento equivocado, en el lugar equivocado, y tuvo la lucidez de preguntarse por qué aquello funcionaba tan bien.El embudo pertenece, casi con toda seguridad, a esta segunda categoría.
El embudo es uno de los objetos más antiguos y universales de la historia humana y su origen tiene más de accidente doméstico que de genialidad planificada.El problema con los inventos muy antiguos es que nadie los documenta.
Cuando algo se convierte en algo tan cotidiano que todos lo usan nadie siente la necesidad de escribir sobre ello.
El embudo sufre exactamente esa maldición.
Los arqueólogos han encontrado embudos de cerámica en yacimientos del antiguo Egipto, en Mesopotamia y en la civilización del Indo.
Los hay con más de cinco mil años de antigüedad.
Para entender el nacimiento del embudo hay que situarse en el contexto de las primeras civilizaciones agrarias, donde almacenar y trasvasar líquidos -aceite, vino, cerveza o agua- era una tarea diaria y absolutamente crítica para la supervivencia.
Las vasijas de la época tenían bocas estrechas por una razón práctica, reducir la evaporación y evitar que entrara suciedad.
El problema es que introducir un líquido por una boca estrecha, cuando lo tienes en un recipiente grande y pesado, es una operación muy complicada.La física no perdona.
El líquido cae, salpica y se derrama.
En algún momento -y aquí es donde la historia se vuelve deliciosamente especulativa- alguien cogió un objeto cónico que tenía a mano.
Puede que fuera una hoja grande enrollada, puede que fuera un fragmento de cerámica rota con forma casual de cono o puede que fuera, simplemente, el cuerno de un animal.
El caso es que este objeto, colocado sobre la boca de la vasija, resolvió el problema de golpe.El líquido entraba por la parte ancha, se concentraba en la estrecha y caía dentro sin desperdicio.
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