Borregos
Los pasajeros de la aviación comercial somos, para qué engañarnos creyéndonos otra cosa, borregos. Los camiones que vemos en la autopista transportando ganado somos nosotros reflejados en el espejo de un aeropuerto. También los animales tienen derechos y garantías para que su viaje resulte confortable. Diferimos en los destinos, eso sí. Ellos, al matadero, y nosotros, a lugares estimulantes o relajantes. Pero en el ir y venir de un lugar a otro somos calcos en el hacinamiento.
Esta columna se ha escrito ya mil veces. Privilegio del columnista poder exhumar sus demonios. Anulación del vuelo Viena-Barcelona de Austrian Airlines. Traslado por cuenta propia a Bratislava para regresar a casa desde la capital eslovaca, esta vez con WizzAir. Nueva cancelación. Reasignación de plaza en un vuelo Budapest-Barcelona de esa compañía. Traslado a la capital húngara, nuevamente con medios propios. Pero la agonía no ha terminado. ¡Cancelado de nuevo! ¡Y ya van tres!
Con suerte llegaremos tres días más tarde de lo que debíamos. Así son los imprevistos. Nada que decir ante las tormentas, las huelgas y las causas mayores. Pero sí ante el maltrato que suponen la desinformación y la dejadez de unas compañías que dejaron hace tiempo de tratar a sus pasajeros como personas. E-mails, SMS y robots parlantes que reproducen mensajes automatizados es a lo que uno se enfrenta cuando intenta sacar algo en claro. Un muro tecnológico pensado para acabar con la paciencia de cualquiera, hacerlo claudicar y forzarlo a que renuncie a la exigencia de una solución. ¡Búscate la vida! Es lo que hacemos, claro.
Ya reclamaremos. La ley está de nuestra parte, y puede que incluso eso baste para que las compañías acaben resarciendo nuestros derechos. Aunque la experiencia impele a ser prudente. Una cosa es lo que dicen las normas y otra, muy distinta, las fórmulas que los piratas que han poblado el cielo en las dos últimas décadas van improvisando para sortearlas. A las malas, nos queda el pataleo. Una salida digna para que la frustración y la convicción de ser tratado como un cerdito camino de convertirse en beicon no derive en algunos casos en una explosión de violencia. Solo que tampoco habría contra quien dirigirla. Aún no se ha encontrado la forma de aporrear con éxito a un robot parlante.
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