La guerra electrónica rusa en Ucrania ya afecta a los satélites europeos
Los inhibidores de GPS rusos llevan años desorientando a aviones y barcos en Europa.
Pero el alcance de estos equipos —que ahogan con ruido de radio las emisiones de navegación de los satélites de geoposicionamiento— resulta mucho mayor de lo que parecía.
Según un nuevo estudio científico, la interferencia sube hasta naves que orbitan entre 400 y algo más de 800 kilómetros de altura.
En algunos casos, estas señales les impide calcular su posición, algo vital para sus funciones.
El estudio apunta a que, sobre el área afectada, uno de los satélites europeos de observación de la Tierra sufre diez veces más cortes en el seguimiento de la señal que en un área equivalente del hemisferio sur.
Mach 4: el nuevo Blackbird de la NASA puede llegar a ser el avión más rápido de la historia Jesús Díaz A principios de la década de 1990, el ingeniero de la NASA Tim Conners estudió la posibilidad de modificar el SR-71 Blackbird para superar Mach 3,3.
Ahora la NASA podría convertir sus teorías en realidad Las consecuencias son graves para nuestro bienestar.
Un satélite de observación —como los que vigilan la atmósfera o el terreno— necesita saber con exactitud dónde tomó cada imagen.
Además, los satélites de comunicaciones dependen de su posición para orientar las antenas.
Las interferencias pueden perjudicar servicios tan cotidianos como la previsión del tiempo, el control de cosechas, los mapas o la respuesta ante catástrofes, además de tareas de seguridad con un peso creciente en Europa ante la agresividad rusa.
Nadie ha demostrado que Moscú apunte contra nuestros satélites, pero no hay que ser Sherlock Holmes cuando ya lo hacen con nuestros aviones y barcos.
El origen, apunta el estudio, está en algún punto de la frontera entre Rusia y Ucrania.
Aún así, la incógnita sigue abierta: el daño en órbita podría ser un efecto colateral de la guerra o un ataque dirigido.
Un mapa de las interferencias visto desde arriba Kian Bostani Nezhad —investigador y doctorando de la Universidad Técnica de Dinamarca (DTU)— ha liderado un análisis de los datos de navegación que la ESA, EUMETSAT, la NASA y UCAR publican para varias de sus misiones: las europeas Swarm y Copernicus Sentinel y los Lemur-2 de la empresa Spire.
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