En 1696, el rey de Inglaterra puso un impuesto a las ventanas. Lo que pasó acto seguido no sorprendió a nadie
Por todos es sabido que los impuestos tienen efectos distorsionadores en la sociedad.
El alza de precios del tabaco hace que algunas personas lo dejen y regiones administrativas con tributaciones más beneficiosas atraen la inversión, arrebatándosela a las regiones vecinas.
Estos posibles efectos secundarios, algunos deseables y otros no, son los que un buen gobernante deberá tener en cuenta antes de implantar un nuevo tributo.
Tal y como ha recogido el fotógrafo Andy Billman en una de sus últimas exposiciones, si paseas hoy en día por ciertas zonas de Reino Unido, Francia o Irlanda, puedes encontrarte un ejemplo vivo de una chapucera planificación fiscal cuyos efectos sobreviven en el plano arquitectónico.
Un infierno tapiado de buenas intenciones Para compensar las pérdidas derivadas de la degradación de las monedas, Guillermo III planteó en 1696 un impuesto a la propiedad basado en el número de ventanas de una casa , una prehistórica medición de la renta individual, un tributo progresivo: a más ventanas, es probable que seas progresivamente más rico. ¿Por qué este sistema y no otro? Por dos motivos, como explican en este trabajo de historia de economía .
El primero y más importante: en la época de mediados del siglo XVII en la que se encontraban, la idea de la revisión sistemática de los ingresos de los individuos se consideraba una intromisión gubernamental intolerable.
No había registros de lo que poseía el acaudalado marqués o el pobre de la esquina.
Segundo, ya se había visto un conato de impuesto a la renta en relación al número de chimeneas o escaleras dentro de una casa, pero los “hombres de la chimenea” acabaron siendo detestados.
Su presencia se sentía como la de alguien que violaba el sagrado espacio del hogar.
Solución: no entrar.
Las ventanas están a la vista de todos.
En principio, el impuesto tenía dos partes, una tasa fija de dos chelines por casa, el equivalente hoy a unos 16 euros, y una parte variable en función del número de ventanas: las casas con ventanas de 10 a 20 pagarían cuatro chelines más, y las que tengan más de 20 ventanas, ocho chelines.
Una casa de 20 ventanas pagaría, por tanto, el equivalente a unos 78 euros anuales.
Si esto era así en 1969, las siguientes crisis económicas fueron subiendo las cuantías.
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