El enésimo fallo energético de Sánchez deja en el limbo el organismo que iba a controlar los precios
La errática política energética en la última legislatura de Pedro Sánchez ha tenido como colofón el fiasco en la creación de la Comisión Nacional de la Energía (CNE).
Un organismo que, entre sus cometidos, iba a controlar los precios y costes del sistema.
Con el mercado mayorista de la electricidad cerca de los 200 euros y el gas –índice TTF– por encima de los 80 €/MWh, hubiera sido una precisa piedra de toque para conocer su valor.
Ahora nunca lo sabremos.El apagón, los bandazos con la energía nuclear, los problemas con las redes eléctricas... el actual Ejecutivo ha ido saltando sobre diversas cuestiones sin dejar atada ninguna por completo, y el CNE se ha sumado a la lista.La recuperación de este organismo fue una iniciativa impulsada por el Gobierno para dotar al sector energético de un regulador independiente, especializado y con mayor autonomía.
Además, se declaró como una necesidad urgente en los coletazos finales de la crisis provocada por la guerra de Ucrania.El procedimiento se inició formalmente en febrero de 2024 y llegó al Congreso de los Diputados en septiembre de ese año.
Pero desde ese momento se provocó un bloqueo que ha durado hasta hoy.
Todo fueron dudas desde su propia concepción.
Había importantes discrepancias sobre si convenía separar la regulación energética de un organismo multisectorial como la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).
De hecho, el propio macrorregulador no se mostró favorable a su desarrollo.Pero no fue el único contratiempo.
La compleja aritmética parlamentaria provocó que nunca se consiguiesen los apoyos suficientes, y desde ese año se empezó a aplazar el periodo de enmiendas sin avanzar hacia su aprobación.Hubo una ventana de oportunidad en junio de 2025 cuando el Gobierno quiso legislar algunas cuestiones tras el apagón que se produjo en abril.
De nuevo se encontraron muchas dificultades para obtener apoyos, y se desistió.¿Era necesaria la CNE?La Comisión Nacional de la Energía tenía sentido, sobre todo, por uno de los motivos de su creación.
Aunque en ese momento, con la crisis de Ucrania ya superada, los mercados empezaban a recobrar la normalidad, el objetivo de reforzar la protección del consumidor y la inversión tenía sentido para casos futuros.Asimismo, el diseño anunciado incluía supervisión de los mercados, protección de los usuarios, resolución de conflictos y regulación de aspectos del acceso y funcionamiento de las redes eléctricas y gasistas.
El objetivo declarado era favorecer mercados transparentes, precios competitivos y señales estables para la inversión.Todo sonaba a la perfección sobre el papel.
Tanto, que en esta nueva crisis energética hubiera sido un termómetro perfecto para validar sus objetivos.
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